domingo, julio 12, 2009

De noche


Beto me pide que lo acompañe a ver el concierto de su segundo amor. Absolut con hielo y ambos nos enamoramos del dj. Entregados estamos a lo que él nos pinche, for the kill, y quizá sea la poca luz o esa luz rosa y morada que le contraluce en la pantalla, quizá sea ese espíritu vida breve del día que aquí agoniza frente a la noche imprevista, quizá sea el alcohol nuestro de cada día lo que nos deja vivir en paz esta hora y media de música hermosamente elegida sólo para nosotros, que somos los únicos que le bailamos todo. Me la pasé pensando en lo raro que es estar por aquí y llevar a cabo hasta el final todas las veinticuatro horas, la vida de prestado, lo furiosa que ocupo los espacios. Me asombro del alivio que siento cada vez que me muero y lo que me cuesta salir de ese estado de felicidad mortuoria para vivir en este cachito de veinticuatro horas cada día. Entonces, es eso: otra noche que pasa y que esta vez pasa así, con Beto y yo de la mano y con sombreros bajando Fuencarral muertos de amor por el disc jockey. hasta que lo dejo en brazos de su primer amor y me vuelvo a casa Arenal abajo tarareando du stirbest nicht.

sábado, julio 11, 2009

Fumé de pescado nacional


El pescadero se extraña de mi acento y me pregunta de dónde soy. Como su compañero de la mili era de Villamartín se enternece de mi origen, y cuando le pido que me dé las sobras de mi merluza fileteada para hacer caldo me regala unas hermosísimas raspas de rape y de mero que tiene guardadas por ahí. Preparo el mejor litro y medio de fumé de la historia gracias al servicio militar obligatorio.

miércoles, julio 08, 2009

Auf einen Stern zu gehen, nur dieses


Me das la mano y me llevas caminando por la plaza. Nos sentamos en el borde de la fuente mientras tres señores enfrente de esta madrugada tocan Les feuilles mortes. Hay una luna llena brillante sobre el Madrid de los Austrias que es ahora mi Madrid. Me das la mano y podemos sentirnos atrevidamente retrospectivos o distraídamente forward, en este pasto de los sitios públicos que somos. Entonces hay cosas que no termino de entender y que compruebo que no me importa no entender. Sólo tengo que mojarme las manos en el agua y sentir en los brazos un poco el frío de esta noche, dejarme arropar y sin pensar hilar otra línea de nuestra historia que no será historia sino cosas que ocurren a veces, saltados los años. Sólo tengo que avanzar hacia una estrella, sólo eso, aunque ahora mismo avanzo a ciegas hacia la probabilidad de una estrella mía que no está aquí, en este cachito de noche que no me pertenece y existe independiente de mí, tanto que da gloria no tener que sostener la rienda con la izquierda. Me lavo las manos con el agua de la fuente esa esfera de tristeza en la que a veces vivo ahora, me la desprendo este ratito hasta que vuelva. Me dejo sentir el frío nocturno contra la posibilidad de calidez al alcance de la boca. Me dejo sentir esa marea dificultosa que me crece delante y contra la que no hay que luchar, para esta noche le vent du nord les emporte dans la nuit froide de l´oublie. Yo me someto a esta voluntad del tiempo y de las ganas de no estar muerta, a la voluntad de la realidad y del deseo, al innegable reclinatorio que me suponen tus manos, a esa manera de existir que es estar existiendo para esta noche.

martes, julio 07, 2009

Si bastara con llorar


Si pudiera creerme que la tristeza se cura con truquitos, como la jaqueca.
Si pudiera hacer que dormir fuera tan fácil como preparar tostadas con miel y mantequilla.
Si pudiera sanar con sólo querer sanar.
Si el pensamiento delimitara el sentimiento.
Si bastara con ver la luna sobre la Plaza de Oriente, matarse a yogas, hacer bizcochos con nueces, colgar cuadros, limpiar cristales, dejarse abrazar, coser muñequitos, cantar Into the groove en versión oscurantista, comer chocolate, volver a estudiarme Cefiro torna once años después, pasear con mis amigas, bailar en los bares de ambiente, reírme y estar contentísima, tener libros nuevos de Asun Balzola, volver a Onetti y Nabokov, tomarme las infusiones de las dos de la mañana no sola sino con mi compañero de piso, ir a Bilbao toda una semana, no bañarme en un pantano de Cuenca pero observar en derredor con el agua fangosa hasta las rodillas y las percas rozándome.

domingo, julio 05, 2009

La mujer del ladrón

Celui qui m'aura extraite comme une pièce de monnaie et acquise comme un trésor, qui n'aura pas troublé les larmes de mes yeux et ne se sera pas moqué de mon vêtement, qui n'aura pas empoisonné ma nourriture et mon breuvage...

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Volver andando a casa

No sé por qué esta desconocida manía de disfrutar los pasos cuando camino por la noche hacia mi casa, y camino. Pasar por delante de mucha gente que está allí de paso, o viendo, hacia otras partes, y que yo saque mi llave y viva ahí, no más lejos, sino ahí, que mis tacones resuenen en los adoquines y saber que llegará el invierno y pisaré los mismos adoquines con las botas para volver a casa. No sé por qué disfruto tanto de no tener prisa por llegar porque estoy ahí, al alcance de la mano en la que llevo la llave. Y es el mismo gozo o mejor gocito porque es pequeño pero intenso que siento al cruzar la Plaza Mayor cuando no hay nadie, y están las mesas y las sillas vacías, y quizá hay una pareja sentada en los bancos circulares que rodean las farolas. Creo que mi amor por ciertos trayectos madrileños no es la traducción de un amor por Madrid sino un amor por conocer esos trayectos y cuidarlos, porque ellos me cuidan a mí y no me muerden, me tienden sus alfombras coloradas cuando saben que voy a llegar; un amor por el sitio al que volver (aunque los sitios siempre sólo sean míos un rato, son míos, y mi hambre de pertenencia les hinca el diente de través, como puede). Y es también ese fuego sordo que recorre las calles del que nadie nos cura con el que empezaba Rayuela y que busco siempre en cada ciudad, y que en cada ciudad es tan distinto como distinto es el pulso de cada una, y en Madrid más que un fuego sordo matador es un agüita fresca conciliadora.

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miércoles, julio 01, 2009

Allégeance

Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima?



Il cherche son pareil dans le vœu des regards. L'espace qu'il parcourt est ma fidélité. Il dessine l'espoir et léger l'éconduit. Il est prépondérant sans qu'il y prenne part. 


Je vis au fond de lui comme une épave heureuse. A son insu, ma solitude est son trésor.
Dans le grand méridien où s'inscrit son essor, ma liberté le creuse.
Dans les rues de la ville il y a mon amour. Peu importe où il va dans le temps divisé. Il n'est plus mon amour, chacun peut lui parler. Il ne se souvient plus; qui au juste l'aima et l'éclaire de loin pour qu'il ne tombe pas!

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Sentada en el suelo contemplo el trabajo de la máquina


He encontrado una librería de viejo y me he hecho amigota del librero, gracias a Witacky. Tengo una cocina que me permite sentarme en el suelo delante de la lavadora para ver cómo giran las ropitas. Me miro el ombligo, me veo crecer, me veo fructificar. A veces estoy agotada, otras me pletorizan los alveolos. Hoy para que me diera la escalera de tijera y un destornillador de estrella he tenido que escuchar la queja interminable de la portera contra el servicio de salud de la Comunidad de Madrid. En mi trabajo son todos gays, me viene fatal. Ya han venido a ver mi nuevo castillo Patricia y Curro. Estuve sentada en la terraza del Central. He visto un vestido rojo en un escaparate. Estoy de gotitas de pintura hasta las cejas. Pinté una silla encontrada de celeste Nepal, según mi ex compañero de piso, el del padre desfalcador de millones de dólares y prófugo de la no justicia argentina. Me pregunto quién ganaría en un combate Hannah Arendt versus Oriana Falacci. No tengo cama. Echo de menos a Calígula con una intensidad quizá exagerada, aunque sé que está mejor, cazando sus cucarachitas de madrugada y chupándole los tobillos a mi padre cuando se queda sin comida en su cuenco. El 18 me voy a Bilbao, el domingo doy un concierto, hace calor, you're going to rise up singing.

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Cuando una ciudad es

(Papelito antiguo regalado y perdido y ahora reencontrado)

Cuando una ciudad es, se da cualquier cosa por ella, por recorrerla y conocerla y haber estado en todas sus partes. Por conocer el interior de los edificios y las casas, la forma de las farolas de cada tramo, coleccionar momentos de cada calle cada plaza cada beso cada día trayecto y autobús. Ojalá sean así todas las ciudades que me esperan, ojalá sean almohadilladas y suaves y reticentes y rotas como una mujer gato o puntiagudas y altaneras y fuertes y retorcidas como un hombre al que yo quisiera.

Amores nuevos

Un barrio nuevo es como una ciudad nueva, y a mí me ha tocado un barrio ciudad hermafrodita, mujer amable y hombre hombre a un tiempo. Es hermoso, el condenado, tiene calles, tiene plazas, camina contigo, te da amores nuevos, amigos nuevos, tienditas nuevas, un lugar para comprar las fresas y algún bar, la Plaza de Oriente a dos esquinas, un Madrid menos madrileño.

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La noche de San Juan

En el agua las piernas, con leves olas. En la playa, con mi amiga. Una noche raramente cálida, las constelaciones vivas. Y nosotras arropadas en chales patagónicos mirando los fuegos artificiales de Cádiz, de Rota, y una sola fogata detrás. Son las doce de la noche y es la noche de San Juan. Con la sola intención de que haya magia la hay, porque sólo darte cuenta de que vienes de lejos y de que estás contra todo pronóstico en un lugar tan tuyo que es tu casa, de que contra todo pronóstico bajas unas escalinatas en la oscuridad y llegas a la playa, de que contra todo pronóstico le preguntas a alguien ¿te acuerdas? y resulta que sí, que se acuerda, como decía aquel libro, ésa es la magia, que sea una noche y no estés en casa, que estés fabricando un cachito de tu vida, que te puedas meter en el mar y reírte con tu amiga de todo lo que pasa y observar esos hilitos de tiempo que nos van ensartando los días y nos llevan siempre a la misma playa. Entonces pides un deseo, aunque ya tienes tu deseo: estar viva, con tu amiga.

Perro de cincel

Cuando menos esperas que sea menos
es menos que menos
es menos que minúsculo
es minúsculo su amor y es minúscula su hombría.
Cuando inflamas el mar en el que vives hasta el espejo
muerde el perro de cincel
destroza peor porque destroza inane, destroza muerto.
Malhallado fuego de artificio
sin amor la boca, tiburón muerto de su hombría,
resecado el ser o el fue
el sin amor de su boca.
Porque cuando más esperas
en más menos se convierte
en más lejana y luminosa tu sola inmensidad
en más calma tu mano tendida hacia la nada.
Ven, ven ahora,
me gustará echarte de mi casa,
perro, bicho, monstruo,
cincel de perro,
boca perro de gusano.

martes, junio 23, 2009

Fille d'acier

Fille d'acier je n'aimais personne dans le monde
Je n'aimais personne sauf celui que j'aimais
Mon amant mon amant celui qui m'attirait
Maintenant tout a changé est-ce lui qui a cessé de m'aimer.
Mon amant qui a cessé de m'attirer est-ce moi?
Je ne sais pas et puis qu'est-ce que ça peut faire tout ça?
Maintenant je suis couchée sur la paille humide de l'amour
Toute seule avec tous les autres toute seule désespérée
Fille de fer-blanc fille rouillée
O mon amant mon amant mort ou vivant
Je veux que tu te rappelles autrefois
Mon amant celui qui m'aimait et que j'aimais.

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Fille putain

estaba pensando en eso de llegar a la tardecita y ponerte las bermudas de la selección jamaiquina de fútbol o una pollera harapienta de feria con un estampado fabuloso, boludear un rato por la casa en patas, fumarte un caño y salir a dar una vuelta. pensaba en eso y en coger. en coger toda la tarde, así desde que terminás de almorzar hasta que tenés que salir de raje y toda arrebatada porque tenías una cena hacía dos horas, ponele. te vas a los piques con el corpiño de la bikini en el bolso y te atás el pelo como viene porque se te pegotea en el cuello. menos pachorra tibiecita abajo de las frazadas y más tomarte tres mojitos al sol con la comida. o sea, menos pijama y más sábanas transpiradas, menos cenas y más bares, menos larva y más vampiro, menos casas y más calle. esos findex que estás todo el día yirando por ahí, que a la mañana hacés compras, almorzás en tal lugar, después vas a tal otro, merendás un licuado granizado o un frappuccino o te pasás todo el día de la cabeza en la pileta, chapoteando en la colchoneta inflable, rostisándote como una puerca. ducharte con agua fría, salís de la ducha y te da para encremarte y perfumarte porque no te congelás y, por sobre todas las cosas, no te molesta el pelo mojado mientras te vestís. es más, llegás a la madrugada toda pegoteada y te das un duchazo vigorizante y cogés todavía medio húmeda y el pelo se te va secando con el garching y después te queda todo frufrú mal, así onda de mil maravillas. o no, directamente no aguantás ni unos metros y cogés de parada en el pasillo, en la mismísima puerta de tu casa y no te da piel de pollo del fresquete. no cargás abrigo, ni añorás la estufa y la mantita de lana de mirar tele en el living y un torpedo de frutilla de repente es el almuerzo perfecto. que amanezca a las seis de la mañana y camines con el sol que te encandila y si tenés sandalias muy todo el pie al aire seguro te salpicás porque las veredas están recién baldeadas y no te jode ni un poco. dios, de salir el sol a rajar la tierra se me solucionarían todos los problemas.

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lunes, junio 22, 2009

La conquista del espacio

De nuevo tendré una casa nueva. De nuevo tendré una ventana nueva, un nuevo portal, nuevos trayectos. De nuevo tendré que recolocar los muebles y conquistar mi sitio. Lo más increíble es que me vuelva a emocionar. Lo más increíble es mi duda de hasta cuándo. Lo más increíble es que voy a estar al lado del Real y que cuando llegue a casa de noche me podré pasear un poco aunque haga calor, aunque haga frío. Lo más increíble es que en mi barrio nuevo no hay locutorios pakistaníes en los que olvidarme cosas, ni fruterías caribeñas abajo de casa en las que comprar mis verduras a ritmo de bachata, ni refinos antiguos cuyos escaparates pueda mirar.

De vinos y cafés y bares y almuerzos en fiambreras

Una noche fui con Miguel a tomar vinos a dos madrileños templos. Una tarde fui con Patricia a tomar un refresco a un madrileño templo turístico. Con Lourdes y Montaña marraneamos las madrileñas terrazas tres noches por semana. Mi primo y yo tres veces acabamos sentados en los bares madrileños más poco atractivos e insospechados. He ido al Berlín dos veces a escuchar el mismo concierto. Llevo dos viernes apareciendo por casa de Antoine y Alex con mi fiambrera mendigando un lugar para calentar y comer mi almuerzo (no me da tiempo de ir a casa después del yoga y antes del trabajo). Me falta todavía encontrar mi bar.

domingo, junio 21, 2009

La noche del solsticio

Estoy tan triste que estoy contenta. Es como si me hubiera dado la vuelta. Es como si de haberme muerto tanto no me quedase más remedio que vivir. Porque el dolor reconcomido te pone en pie, o te enfanga (te enfanga sólo si es dolor de plástico o regodeo, a mí me duele tanto lo que me duele que prefiero atravesar ese umbral y pasarme al solecito). Vivo como si no me quedara más remedio que estar viva, y me da todo tan igual que soy capaz de casi cualquier cosa, incluso de estar contenta por estar. Es la noche del solsticio, y el día más largo del año lo pasé encerrada en la oficina con las persianas bajadas porque nos entraba demasiado resplandor. Es la noche del solsticio y la última noche que Calígula y yo pasamos en este cuarto, y casi la última noche que pasaré con mi amado gato en mucho tiempo, lo devuelvo a Cádiz mientras no pueda disponer de un espacio en el que él no tenga que sufrir desplantes, ausencias, gente extraña, me los sufriré yo, sola sin que él me reciba quejica y doliente cada noche cuando vuelva a casa.
Yo no sé cuándo dejaron de pertenecerme los espacios, cuándo mi voluntad dejó de ser la emperatriz de esos espacios, cuándo fue que la península-sofá que Calígula y yo compartíamos desapareció. Ahora no es suficiente mi deseo de quedármelo junto a mí, de pasear su jaulita. Calígula sigue siendo aquel garabato peludo que cabía en una mano y que se escondía debajo de la colcha que nos regaló Manina. Bajo entre cabe contra sobre sin sus seis kilos está el pequeñito gato que fue, está mi amor crecido y criado en tantos días, están todas nuestras separaciones obligadas por ir tras tuyo, Martín, están esas mis traiciones explicadas en un te prometo que no lo haré más, Calígula. Ahora, sí, me pregunto, porque sé que no tiene sentido nada de lo que hago, que mi inercia Madrid de los Austrias, mi inercia teléfono, mi inercia seguir, me marcan un terreno vital al que llego exangüe pero llego, y en el que pretendo exprimir una vida que ni siquiera me interesa tanto y que sin embargo exprimiré, es eso o decidir que es cierto lo que sueño y que quiero irme a Cádiz frente al mar y olvidarme de todo esto, olvidarme de oponerme, olvidarme de luchar denostadamente contra algo que ni siquiera existe, contra ese dolor que me duele tanto que puedo ignorarlo, como ya dije. Hago trampa: sé que me asusta un año de contrato, sé que me asusta despedirme de Calígula de nuevo, sé que me asusta haber perdido la sensibilidad hasta el punto de no querer arrebatarme nunca más.

Una noche en el Moroco

De todos los clásicos madrileños, éste es uno que no pensé que iría a pisar o en el que dentro del cual fuera a bailar. La noche es ancha, y en todos lados encuentras chicos con camisetas de tirantas y lentejuelas plateadas, cambia la inclinación y la índole pero no las ínfulas. En el Morocco compruebas cómo la civilización española no son sólo Unamuno, Ortega, Cervantes, sino también Marisol, Rocío Dúrcal, Alaska. Vamos a bailar. Entonces el sábado por la noche es bailar y sacar el abanico y que se te ensucien muchísimo los pies en las sandalias y que un Absolut no sea un Absolut y encontrarte de pronto entre un montón de gente a la que frecuentas bastante pero de la que no sabes mucho. Madrid es también un poco así, pastelitos de La Mallorquina que miras y nunca pides pero a los que ya conoces por su aspecto y visitas cada tanto, cuando quieres un descafeinado de sobre de repente nunca sabes el por qué.

martes, junio 16, 2009

El eje del mal

El mundo occidental se rasga las vestiduras porque Ahmadinejad dice que nuestro principal problema (talón de Aquiles, lo llama, versado en las fuentes de ese mismo occidente) es la manía de la culpa por el holocausto. Él da por sentada la barbarie humana, como si dijera: ya que somos bárbaros seamos bárbaros. Es una apuesta al estilo Hitler o Isabel la Católica, que pensaron tener derecho a la perversión de la perversidad. No sé si me explico bien. Quiero decir que la íntima depravación consiste en, después de admitir que somos capaces de ser malvados, jugar a esa carta de la malignidad, o peor, del MAL, y ser verdaderamente maquiavelos en pos de un ideal u objetivo. El error de las pelucas pulcras de este lado del “bien” (nada más lejos, pero ésa es otra historia), es escandalizarse. Lo que debiera ser (y pienso un poco en esas gotas de lluvia resbalando por el cristal de un cuento de Chesterton), es jugar el mismo juego de esos visionarios de la humanidad cruda: bien de cierto, somos monstruos, pero la apuesta del monstruo ha de ser ni serlo sólo siéndolo ni superar esa naturaleza, sino, aún admitiendo esa vergonzosa trama humana, adoptándola, elegir un mejor traje, una mejor inclinación, las estrellas. Y sobre todo, no caer en la tentación de sentirse elegido por el fatum, erigirse en quitador a la humanidad de su máscara dorada.

lunes, junio 15, 2009

Cositas que he visto hoy

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La gran Puerta de Kiev

Yo ya no sé qué hacer para que seguir viva no sea sólo un empeño o una manera de no preguntar. Porque a veces me entra el vértigo estelar para qué seguir, y vislumbro las inmensidades posibles, y me da tanta fiaca tener que hacer como que camino hacia alguna parte. Sacudo esa mufa blandiblub, estalla la tormenta veraniega que me moja las ropas tendidas y me obliga a minifalda y botas, me voy de bares muy pero que muy castizos con Miguel, compro magdalenas, ordeno este cuartito, sopeso casas, pienso demasiado, me leo unos poemas y recuerdo aquellos trozos de sensualidad que a veces la vida nos regala para acordarme de que sí camino hacia algún lado, hacia esas famosas piedritas lavadas por el sol que pueda guardarme en el bolsillo. De todos mis días viva si quiero recuerdo haberme sentado bajo algún árbol sólo a escuchar, haber sido besada convenientemente en medio de la calle, pasteles rellenos con nata, un banco en un puente parisino donde unos albañiles polacos me rescataron del spleen, The King shall rejoice sonando muy alto, una taza holandesa que se quedó Dani, conocerte, cantar descalza en Itálica, una botella de vino tomada una tarde en una casa de Valparaíso, Calígula corriendo cachorro por el espacio vacío de Yrigoyen, una noche de noviembre en San Sebastián, unas sandalias de Jocomomola, los caballos del ajedrez que había en mi colegio, Orión escondiéndose tras la montaña, un concierto de Ute Lemper, las visitas y cuidados de mis amigas en Aduana y en Juncal cuando me operé y cuando me operé, la planta carnívora gigante de papel maché que hicimos en Baza, una pluma que perdí en Estrasburgo. Así se me pasa esa impresión desespero de segundos, y me empeño en no preguntar, en caminar, en empeñarme.

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Yoga para embarazadas

Me he acostumbrado a que Madrid sea así, a que vaya a ver un depto y cuando despiertan al chico que ocupa la habitación que se alquila sea alguien que conozco. Me he acostumbrado a llevar bolsitas de té del que compré en Londres en el bolso. Me he acostumbrado a que sucedan cosas como atravesar soportales de Plaza de Oriente y decidir acompañar los meses de una embarazada en su periplo (porque es de ida y vuelta) gestante, provocarme una superación, conseguir apoyar bien los pies en el suelo para hacer las posturas, dejarme llevar hasta algún lugar en el que estoy, ya, recogida. Me he acostumbrado a dormir cinco horas y husmearme la vida por si me crecen algas, por si me crecen alas. Me empiezo a hacer a Madrid por las mañanas, la ciudad es tan diferente y venden churros, muchas mujeres hacen la compra, hay otro sol, quieres desayunar.

Mis hombres del momento

Jerome Kern
Martin Heidegger
Johnny Guitar
Horacio Ferrer
Thomas Hudson
Luis Cernuda
Alban Berg

domingo, junio 14, 2009

Gelassenheit

Después del trepidante domingo y sin ganas de enumerar (pero con ganas de poseer un rincón de tiempo, de olvido, de cojines en el sofá), me acuerdo sobre todo de esa chica que lloraba desesperadamente en la terraza de una cafetería de Delicias, a la que me acerqué y manito en el hombro le pregunté si estaba bien (y ella mintió sí). Ha llovido, fui al Retiro con Rodrigo, cociné paella para la mitad de mi camarilla, terracée con las chicas, me compré un pantaloncito tan corto. Y vine quite concerned a ver a Calígula tres veces, él es el termómetro de mi voluntad y mi cuidado con los bordaditos de mi vida. Andamos enfrentando a los elementos, seguramente nos vencerán, pero no nos importa demasiado, lo que sí nos importa es estar en la brecha, desasidos de las cosas.

sábado, junio 13, 2009

Hasta que el cuerpo no aguante

Llevo 24 horas despierta. Absolut. Absolut. Absolut. Tequila. Absolut. Absolut. Y esa noche fabricada de bolas tapizadas con teselas de espejo, esa noche en la que la gente se arrastra trastocada de sustancias, y en la que yo evoco a Calígula y lo veo tan lejos, hago extraña su cara, como la tuya, tú que esta tarde me has vuelto a romper el corazón, tú que me partes el corazón. Y bailo. Mis seis hombres por banda, el taxi que me regresa a casa, el gato que me quiere tanto y me muerde el escote del vestido verde o azul o aguamarina cuando lo cojo en brazos al llegar. Y hacía calor hoy en Madrid y paseé, muy lejos, a la mañana. Me acordé mucho del discurso en la mirada de Ignacio Simons. Casi que quemo una cocina de Lavapiés al freír patatas para la ropa vieja (la pirómana y el enajenado, titularon el esperpento Alex y Antoine porque había un chicuelo usando su teléfono para denunciar a Telefónica mientras yo hacía crecer llamas en esa sartén minúscula que me prestaron). Leí en el metro tanto que me bajé antes de parada, pues pensé que había confundido el sentido, y no. Por la noche, esa noche fabricada de ritmo ruido a la que me empujé buscando trozos de cariño. Y sí, tú que me partes el corazón.