jueves, septiembre 18, 2003

No sé, no sé

Mi tía Isabela se vuelve majareta, a sus 98 años; quiere que le escriba al Rey una carta en su nombre para, as she put it, exponerle que le quiere quitar las cosas el Juzgado, lo menos veinte caballos y 9000 pesetas. Huelga decir que ella jamás ha tenido caballos. Lo más impresionante es ver a mi madre seguirle la corriente, enfermedad contra enfermedad. Mientras otros juegan de broma allá afuera, aquí en casa se juega una estrafalaria partida de locura. Yo me dejo llevar por un sentimiento de piedad aquí, un asco allá.

miércoles, septiembre 17, 2003

Jules et Jim

Ayer en la cena de despedida de Úrsulo alguien dijo camisa de cuello Mao color huevo haciendo referencia a algo real y suyo.

Soñé


Tienes que levantarte, Loulou, nadie se encargará de ayudarte, levantarte, guiarte, y tomar tus decisiones con ecuanimidad. No puede ser, Loulou, que cada mañana seas incapaz de levantarte y prefieras el mundo de los sueños mañaneros al mundo real de las lavadoras. Pero no me levanto porque no puedo, y sueño:
En mi mano vivía un dragón-dinosaurio-Nessie color rosa, microscópico. Se movía por mi mano como por una selva, porque había árboles también en miniatura, y un lago. I was told: crecerá si le son las cosas favorables en tu mano.
Y hoy estábamos ante las puertas de un hospital, en el peristilo, al que se llegaba por unas escaleras inmensas, se veían los jirones de nubes. Yo no era yo sino mi marido, muy joven, las puertas automáticas se abrían o cerraban, estábamos entre una multitud d e negros arrodillados que se drogaban fumando alguna sustancia que al consumirse subía en volutas preciosísimas azul eléctrico o celeste o rojo, entre el gris negro de la niebla. Y entré entre ellos y hablamos y fumé y cantamos y me quedé allí para siempre.

lunes, septiembre 15, 2003

Las mujeres son hormigas y los hombres búfalos

En realidad no se puede esperar nada de nadie que se ha pasado todo el día limpiando, cocinando, lavando y planchando. Las mujeres son hormigas y los hombres búfalos, aunque a veces se encuentran bellos ejemplares de elefante. Si en un armario se guardan 57 objetos, ¿qué más da que esos objetos estén apilados, metidos en cajas, clasificados o simplemente "ahí"? Ésa es la verdadera diferencia entre los sexos. Por supuesto lo del armario se puede extrapolar.

sábado, septiembre 13, 2003

Primer Chillida

Mi tío aparcó en una calle que daba a Goya, me quería enseñar la plaza Colón y luego algo que “merecía la pena”, quería conocer mi parecer de “joven”, er mi primera reacción sin que él me indicara antes su opinión. Como ya lo conocía un poquito supuse que sería una plaza llena de travestis o punkies. Anduvimos kilómetros mientras él me contaba historias de cuando estaba pluriempleado para poder sacar adelante a su familia, me contó una historia que quisiera poder narrar aquí en todas sus inflexiones de persona antigua. El caso es que llegamos a una plaza bajo un puente; en cuatro de los pilares estaba sujeta una escultura, Chillida fijo, sobrecogedora. No se me ocurrió otra palabra, me quedé muda. Y extasiada. Mi tío decía (y yo lo oía lejos) que el Rey había venido a inaugurarla porque ya había muerto el dictador, que la escultura se trajo de Francia porque ya no estaba prohibida, y me miraba y esperaba que yo dijera todas esas cosas que él no puede decir: degenerados, caraduras, etc. Aunque muy contento me contó que la gente se cagaba en la escultura y no dejaba de preguntar qué dónde demonios estaría la sirena. Pero a mí que Chillida siempre me había parecido una nada en las fotos, estaba allí anonadada con el hormigón armado. Qué chulada. Por eso mi tío siempre será “la persona que me llevó allí”.