jueves, octubre 30, 2003

Harta y congelada

Harta, no con el sentido de ahíta. No me hagáis sacar mi flamante y novísimo María Moliner.
Hace frío, te pones un abrigo. Hace calor, te quitas un abrigo. Y el frío es un tema del que podríamos hablar horas. Por qué tengo frío aquí, a menos de 100 kilómetros de África, y tuve frío pero me importó un carajo a 3000 kilómetros de África. Pero hablo de otra cosa, claro.

martes, octubre 28, 2003

Otoñal

Llueve. El concierto de Chopin, Elliot Smith apuñalado por sí mismo. Se va la luz y se desconecta todo. Hace frío dentro de casa, ando con el chambergo marroquí, yo que me había acostumbrado a las calefacciones centroeuropeas.
Y ahora que ya no estoy
allí, ellos hacen estas cosas.

lunes, octubre 20, 2003

Desagradecida

Me voy a Barcelona. Y se lo tengo que decir a los del jazz, sobre todo al percusionista, que se ve ya grabando para Blue Note. Fuí a cantar el viernes y fue un desastre: no me gusta cómo tocan ni lo que tocan, y me pone nerviosa saberme incapaz de decirles que paso.
Me iré a Barcelona. ¿Encontraré un magnífico quinteto allí? ¿Haré mis cursillos del Goethe? ¿Escenografía? ¿Traduciré novelas de amor de Plaza & Janés? ¿Cantatas de Bach? ¿Partidas de Kult? ¿Escribiré la obra que me ha pedido Marisa? ¿Andaré de noche por las calles, sobre el frío? ¿Amigos? ¿Cómo será mi casa? ¿Un pianista? ¿Un bar preferido? ¿Una dirección postal? Paradas de metro, el mar, asfalto, albañiles polacos. ¿Hay río en Barcelona?
Ya no me acordaré de los del jazz, que tan amorosamente me han acogido y a los que escupo a la cara, perra desagradecida.

Neutral caótica

Murió mi bardo el viernes, víctima de su propia alineación. Y el bardo era yo, con esa manera de ser una fresca independiente que va a la suya y se guisa sus patos y conejos sin pedirle una yesquita a nadie. Triste trauma al verme fielmente retratada en la mesa de juego, y no haber captado antes la médula ¿junguiana? Triste trauma de tener que jugar al rol para notar ciertos mis defectos. A veces me acuerdo, seguro que no decía eso ni nada parecido, de eso que decía Joyce en El artista adolescente de lo del examen de conciencia al que lo sometían los jesuitas todos los días, me acuerdo de mis implacables placajes a mí misma, refinada tortua inservible, sospecho que siempre he tenido una visión limitada y omblicéntrica de las cosas. Ya prefiero no pensar. O no puedo. Y me da vergüenza escribir o hablar y estoy cansada de echarme las culpas y luego seguir siendo una chula sin culpa. Porque sólo analizo cuando todo va mal y me doy cuenta de mis verdaeros alineamientos.
Estoy seca, o secada, o reseca, o resecada.
Lo importante es la manera de estar, no ser. Hamlet estaba equivocado. Debería haber perdonado a su madre, dejar que Ofelia colgase cortinas y aller boire un coup con Horacio.

domingo, octubre 19, 2003

The dreamers

Ayer Judit y yo fuimos a ver la película de Bertolucci. Qué lástima de emociones desperdiciadas. París estaba allí, hubo algunas escenas maravillosas (en la cocina, en el cine viendo un Samuel Fuller, el póster de Marlene Dietrich, los hermanos puros Les enfants terribles, todo el mundo fumando sin parar, la llamada de teléfono Truffaut), y estaba allí preparada para recibir a alguna especie de Brando joven cayendo hacia algún abismo, y todo lo que había era una película de instituto, un americano despreciable y ñoño, una revolución del 68 como de portada del Superpop, un desperdicio de la posibilidad.
Pero me quedo con los guantes negros largos desaprovechados, la casa desaprovechada, la basura desaprovechada, los huevos fritos desaprovechados, la boina roja, Garrell imitando a Léaud, los hermanos, siempre.
Después del cine fuimos a tomar café a Puerto Sherry, a un bar lleno de cuadros pop ni siquiera pesadillas regentado por una señor con chaqueta de terciopelo fucsia. Judit tenía un día la vida es una mierda, el café estaba hecho sin amor y sin ganas, las sillas eran de terraza de chalet, la carta era de cenas-ensaladas para extranjeros y para treintañeros cocainómanos que pagan hipotecas. Y el planeta se hunde, vamos en un coche, llueve sin emoción, al menos el mar estaba como debe.

Maniatada

Maniatada por mi propio yo. Qué castigo, ser yo misma, y venga un vaivén y otro vaivén. Anoche, for instance, salí a la ciudad, take me out tonight because I want to see people and I want to see life, y un horror. Estaba dormida y mareada de la falta de entrenamiento en la interacción social, y luego me dio por ponerme triste porque me encontré con mi hermano desvalido y porque pusieron un video de The Cure, y me acordé de un paseo por Trasbur, desde el puesto de Sapeurs-Pompiers hasta la Cité, con el walkman de Clara, y porque como siempre, salir sólo sirve para no quedarse en casa, pocas noches salen con poética.
Al menos, Silvia trajo a una amiga suya bicharraco, una especie de híbrido de Isabel Pantoja y Ballena Lady, que le tenía el ojo echado a Mario, increíble si se piensa un poco. En un momento dado, mientras The Cure, el bicharraco le lanzó a Mario una mirada de águila a conejo que me hizo reirme tanto que se me pasó la mufa. Después sacó una barra de labios del bolso y se pintó violenta aunque cuidadosamente, intentando parecer una especie de loba a la que no pertenecía. Mario no aceptó el envite. Empezó a llover y nos fuimos a casa.

viernes, octubre 17, 2003

Caprichosa

Ayer me compré este bolso inverosímil. Como noté el capricho reliándose en mis piernas, supe que si no me lo compraba me iba a gustar más que si me lo compraba, sufriría y me arañaría por la falta de un bolso no poseído. así que siguiendo mi lema de siempre, más vale desengaño en mano que posibilidad volando, me lo compré, con esos remaches a lo Dior y ese color naranja que ahora me atrae como un papel atrapamoscas a una mosca.
Por lo demás me aburro como un choco, un día pasa y otro día pasa, he sacado unos libros también un poco estrambóticos de la biblioteca, me he comprado un tinte para el pelo, color Vienne, por supuesto lo he comprado por su nombre; quién sabe a qué clase de persona tienen contratada en L´Oréal para ponerle los nombres a los colores de pelo, porque en fin, desde Marmota a Shangay pasando por Centeno y Trufa, yo me los compro según el estado de ánimo, así que supongo que ahora estoy en un lugar Vienne capricieuse, qué asco.

jueves, octubre 16, 2003

Nostálgica

Waltz for Debbie. Eso todo el día.
Hubo una tormenta esta madrugada, mientras yo soñaba con el hijo de alguien, lo tenían encerrado y doliente porque era demasiado rubio, o no sé, pero poseía una increíble capacidad de verbalización, o sea que hablaba que te mueres. Yo estaba arrodillada a su lado en el pasillo de un claustro con intensa luz, mientras él, medio tumbado y moribundo, me contaba no sé qué conspiración. Entonces ha estallado la tormenta y me he puesto a contar en segundos lo que tardaban los truenos tras los relámpagos, para ver si se alejaban. Y medio dormida he pensado enternecida que eso lo hacía de pequeña. De tanta lluvia me he espabilado, me di cuenta entonces de la gran falsedad, lo de contar para perder el miedo lo había leído un libro.

lunes, octubre 13, 2003

Dramática

Ésa soy yo, la dama del drama, Strindberg e Ibsen en una solo paletada. Odyr se hace ahora acompañar de una "deusa africana", según sus propias palabras, en una "tentativa pedestre" de ser feliz.
¿Es la vida realmente intensa y venenosa? ¿Beautiful and terrible? ¿A qué juego? Puede que esté haciendo una apuesta equivocada. Puede que Chéspir tenga razón y esto no sea que la cosa ésa told by a fool, pero si no se juega a que cuenta el dolor, si no pones cara de que sabes algo que no sabes, de buscar algo que de sobra no existe, si no te paras a escuchar el ruido y la furia, apaga y vámonos. Porque una cosa son las colecciones de camisetas y otra leer con fruición vidas ajenas vividas en París, la música. Yo no sé dónde estoy más viva, aunque en el momento actual me sienta más como un cadáver poco exquisito.

Traidora

He planchado. He puesto dos lavadoras. He limpiado cocina, dormitorio, cuarto de baño. He dejado tirados a los del jazz, no tenía ganas de cantar, ganas de cantar cero, ganas de ver al batería asesino de mentes cero. Y mis amigos calvos habían quedado para tomar café, me ha llegado el mensaje tarde y como ya me sentía traidora por no acudir a mi cita musical, no he querido redoblar mi traición yendo a otro lado. Bueno, y que no tenía ganas de vestirme. Y así al final me ha salido una traición triple, porque he cambiado el outter space (salgo a la terraza y el cielo me hace daño en la retina), por un día de ama de casa que ni cotiza ni nada. Odio los lunes que son fiesta.

domingo, octubre 12, 2003

El esnobismo de los torturados

Ayer vi en Antena 3 una peli de esas del mediodía sobre una chica bulímica, mi vida casera es así, y la visión del asunto era como si el problema con el alimento sólo lo pudieran tener personas sensibilísimas y extremadamente inteligentes. No es justo porque ellos se separan más desde ahí, desde ese estatus de superiores. Porque pienso en Ana cuando me rechazó porque yo no estaba en su altura de pensamiento, porque yo no sufría bastante por las cosas como para dejar de comer. Torturarse se puede uno torturar de mil maneras diferentes, y pienso ahora que lo que más me dolió no fue nunca el dolor y la enfermedad de Ana ni quedarme sin mi amiga, sino su rechazo, su desprecio, esto es, mi dolor, mi enfermedad, yo.

Amarga

Le he hecho un blog a mi padre para colgarle todos los cuentos y dictados que hace para los niños de su clase. Lo he hecho porque está deprimido totalmente y porque cuando nos enseña algo pasamos de él.
He conseguido de él una emoción inesperada, se ha puesto a decir que Gómez de la Serna se hizo famoso con las Greguerías y que lo suyo son Breverías. Maldita sea la hora en la que se me ocurrió hacer de samaritana. Ahora está rotando ansioso a mi alrededor pensando que alguien se los va a robar y los va a publicar, y que le busque en la sociedad general de autores qué hay que hacer para obtener los derechos etcétera.
En otro momento esto sería una ternura, pero para eso habría que estar lejos.

Domesticidad

El más cerca de la enfermedad de mi madre es José Ángel, que sabe exactamente qué pastillas tiene que tomarse y cuándo. Y tiene los cajones de los congeladores clasificados.
Al sacar el aceite del mueble para la pata de cordero me he puesto a llorar. Luego he llenado un vaso, se lo he echado por encima al cordero, le he puesto sal gorda repegada, una hoja de laurel y un vaso de Tío Pepe. Ha sido un momento trágico. ¿Cómo puede ser meter una pata de cordero en el horno trágico?

sábado, octubre 11, 2003

La calle existe

Anoche quedé con Luiso en una galería de arte en la calle Diego Niño, de la que jamás había oído hablar. Tuve que preguntarle a mi padre dónde estaba, después resultó ser esa callecita paralela a Cielo y Larga donde está la peña el Nitri. El arte, una mierda, of course, nada emocionante, unos cuadritos pintados con algas y caras ahogádonse, todo en blanco y verde. Pero allí estaban todos los amigos de Amaia de Sevilla.
Hubo un mini recital a cargo de una soprano brasileña y el novio de la artista que es profesor de guitarra, un recitado y una recreación para entender mejor los montajes. Ellos arriba, en una especie de barco en el local de dos niveles, nosotros abajo, con el cuello estirado. Yo divirtiéndome francamente, joyeuse e incrédula de que eso fuera posible, situación tan ridícula a no ser que todo el mundo estuviera jugando a disimular. La soprano desafinaba bastante, los fluorescentes te cegaban, y el encargado de la galería cortaba empanadas y abría paquetes de Doritos mientras todo el mundo prestaba verdadero interés a la cosa.

jueves, octubre 09, 2003

Despeinada

La entiendo y no la entiendo, esa obsesión de los varones de la familia de mi padre por que me peine. “¿Tú no te peinas?”, “Mañana para venir conmigo a la calle te peinarás, ¿no?” Me invitan a sus casas y una vez allí, mientras me extraño de esas similitudes de sus tonos de voz, de sus gestos con los de mi padre, y viendo las bifurcaciones en sus carácteres y en sus cosas elegidas, les tengo miedo por la autoridad que no sólo representan por difusión dentro de mi cabezota enferma, sino porque ellos creen que la tienen por ser hombres mayores de la familia de mi padre, y me dicen por eso: “¿Tú no te peinas?”, “Mañana te peinarás, ¿no?”, o me llaman la atención por las cuatro cucharadas de azúcar que me pongo en el café. Pero lo del despeinamiento, es, creo, no sólo por algo que se sale de la norma en sus suelos pulidos y sus salones cerrados, sino por el desorden sexual que para ellos conlleva. Decía una vieja canción: esperaré que vuelvas despeinada de los bares cerrados, ahí se encierra la verdad.