sábado, octubre 11, 2003

La calle existe

Anoche quedé con Luiso en una galería de arte en la calle Diego Niño, de la que jamás había oído hablar. Tuve que preguntarle a mi padre dónde estaba, después resultó ser esa callecita paralela a Cielo y Larga donde está la peña el Nitri. El arte, una mierda, of course, nada emocionante, unos cuadritos pintados con algas y caras ahogádonse, todo en blanco y verde. Pero allí estaban todos los amigos de Amaia de Sevilla.
Hubo un mini recital a cargo de una soprano brasileña y el novio de la artista que es profesor de guitarra, un recitado y una recreación para entender mejor los montajes. Ellos arriba, en una especie de barco en el local de dos niveles, nosotros abajo, con el cuello estirado. Yo divirtiéndome francamente, joyeuse e incrédula de que eso fuera posible, situación tan ridícula a no ser que todo el mundo estuviera jugando a disimular. La soprano desafinaba bastante, los fluorescentes te cegaban, y el encargado de la galería cortaba empanadas y abría paquetes de Doritos mientras todo el mundo prestaba verdadero interés a la cosa.

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