lunes, octubre 20, 2003

Neutral caótica

Murió mi bardo el viernes, víctima de su propia alineación. Y el bardo era yo, con esa manera de ser una fresca independiente que va a la suya y se guisa sus patos y conejos sin pedirle una yesquita a nadie. Triste trauma al verme fielmente retratada en la mesa de juego, y no haber captado antes la médula ¿junguiana? Triste trauma de tener que jugar al rol para notar ciertos mis defectos. A veces me acuerdo, seguro que no decía eso ni nada parecido, de eso que decía Joyce en El artista adolescente de lo del examen de conciencia al que lo sometían los jesuitas todos los días, me acuerdo de mis implacables placajes a mí misma, refinada tortua inservible, sospecho que siempre he tenido una visión limitada y omblicéntrica de las cosas. Ya prefiero no pensar. O no puedo. Y me da vergüenza escribir o hablar y estoy cansada de echarme las culpas y luego seguir siendo una chula sin culpa. Porque sólo analizo cuando todo va mal y me doy cuenta de mis verdaeros alineamientos.
Estoy seca, o secada, o reseca, o resecada.
Lo importante es la manera de estar, no ser. Hamlet estaba equivocado. Debería haber perdonado a su madre, dejar que Ofelia colgase cortinas y aller boire un coup con Horacio.

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