jueves, diciembre 18, 2003

Ute

Desde mi palco último silla última la veía en perspectiva Schiele, primero como mancha de tinta Bagheera y luego como relucientes papillotes en fondo rojo. Qué mujer. Qué voz que hace lo que quiere. Y nos divertimos las tres francesas con gorros estrafalarios de delante y yo, el resto del Auditorio eran como payeses con abonos. Y en el descanso personas con copas de Moët-Chandon.
Y al salir, señora con estola de piel sintética: “La Lili Marlene ya sabíamos de qué va y La vie en rose también, pero lo demás como lo ha cantado en alemán, no nos hemos podido enterar de nada”.
Yo tuve mis momentos transfiguración-crisis je vais nulle part, de los que no hablaré aquí, y la vuelta a casa trasbordo equivocado incluido. Qué raro el metro tan tarde en las estaciones del extrarradio donde la gente va vestida diferente y mira diferente y hace que aprietes el paso, el bolso, el corazón. Pero qué coño, really had fun.

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