viernes, julio 30, 2004

Fonendo

Existe ese momento que espero todo el tiempo, cuando me coloco el estetoscopio y se hace el silencio en mis oídos, y tengo que esperar el latido. Qué gloria esos cinco segundos de isla silencio sólo míos, cuando aún no sé la calidad del corazón que me espera en la camilla.

Piedrita que precipita

Se empeñan en opinar y en meter sus narizotas donde nadie los llama. Dicen me dicen nos dicen sermonean dan consejos imponen nos dan dudas y rechazos nos matan no nos dejan me meten en una cajita con etiqueta nos condenan al espacio pequeño y chato de lo censurable y la tontería la calentura fiebre tormenta de verano dicen que eres. Qué pasa si yo quiero apostar a este caballo aunque todos me digan que es cojo, tuerto, y colapelada. Qué pasa si yo sé y si lo que me importa es el riesgo de la apuesta o la apuesta per se. Qué pasa si ocurre la sincrónica coincidencia de que él también sepa al mismo tiempo lo mismo que yo. Pero no podremos con toda la oposición. Tomaremos un atajo.

Casa tomada

A veces la casa me pertenece. Otras está poblada y me rechaza al entrar, ella sola se pone las manitas delante de la cara y me dice no, no, no, no me mires ahora, se oculta tras la mesa abarrotada, la planta que trepa y trepa tirador de la persiana arriba. No me quedo en ella entonces porque sé que se encierra en la despensa mientras dura el saqueo. La dejo sola hasta que llegue la hora de lamerle las heridas, las dos a solas.

domingo, julio 25, 2004

City

"Generalmente, no hay razón para que instantes como ése acaezcan y, sin embargo, acaecen, encendiendo repentinamente en nosotros una emoción inusitada. Son como promesas. Como destellos de promesas. Prometen mundos."

Me acuerdo de los momentos que coleccionaba y coleccioné. Todas las historias que he vivido, todas las ciudades que he pisado con o sin. Pienso en todas esas veces en las que me entretuve en buscar el mejor brillo momento, siempre se encontraba en el último aquel segundo, en algún sitio lejano otro tiempo, o aún por venir. Desde que estoy contigo, y en realidad desde que te conozco, cada puto día, cada puta hora es de una perfección aparente y poco aparente; cada tú que he tenido me abrió las aletas de la nariz, cada estación de metro, cada calle contigo, cada escalera que he subido más deprisa para verte 15 segundos antes, me pinchan alfileres clavadores de mariposa alrederor. Desde que estás no colecciono, para qué.

viernes, julio 23, 2004

Los gatos polacos

Al llegar a casa he encontrado muerto a uno de mis gatos polacos. Muerto de calor, pobrecito, de las gélidas temperaturas del febrero kracovianko a Barcelona en julio. Hablaba sabiduría y posturas nuevas, como los hombros de Manu.
Ahora una de sus patas retorcidas no está más en su sitio, y él se quedó blandito tan desaparecido.

viernes, julio 16, 2004

To the lighthouse

Ya tengo un faro, aunque sea pintado. Elenuki dibujó uno en los azulejos de la cocina que han ido borrando los sucesivos apoyamientos de personas. Ahora ha usado los acrílicos que Aurelio dejó en el mueble del salón para dibujar un faro blanco y rojo en el que pudiéramos vivir él y yo. Porque en una única visita a Ikea se me ocurrió decir vámonos a vivir a un faro, y Martín es casi sólo casi peor que yo para ese tipo de arrebatos. Recorrimos internet y ahora sabemos mucho sobre el tema, faros de Bretagne and so on. Ël le ha escrito incluso a la Armada Argentina para ver si nos dejan instalarnos en Tierra del Fuego. Bueno, de eso hace una semana y se nos ha pasado un poco el entusiasmo, aunque puede que no.

lunes, julio 12, 2004

La Sra. Archer o el dolor se ahoga en un martini

Le ha traído de regalo a su cardiólogo una corbata de Hermès. Me pregunta inquieta si debe quitarse los zapatos para el electro. Le digo que no sin poder evitar mirar sus carísimos tacones rellenados con lo que algún día seguro fueron hermosos pies paseados por las piscinas de Montecarlo y que ahora serán la tortura matutina personal de la Sra. Archer. Se tapa con la bata con dignidad quietud resignación. Qué diferente la señora desvalida tumbada a la señora de la sala de espera, tan derecha tan peinada y tan collar, tan Chanel y Lacroix, tan pitillera.

Cet amour

Mientras tú hablabas con Marcelo el dealer gay por teléfono, yo leía Prévert y lloraba y lloraba en el sofá, lloraba de palabras, de mis palabras de cuando era más joven que tú. Porque es necesario a veces recordar el poder de la palabra, justo cuando estoy tan blanda y oprimible como el abdomen del informe de esta mañana, tan habiendo sido tocada que cualquier frase bien conformada me atiza en la cara. Y, Martín, no sé, cómo explico que si me pongo a rememorar sé que en algunos momentos habré estado en algún sitio que se haya parecido levemente al nuestro, algún momento si violent si fragile beau comme le jour, pero no me acuerdo. Y que hasta ti no supe les manèges du mensonge.

viernes, julio 09, 2004

La tormenta eléctrica que me pediste

Hay tormenta, es tan de noche, no estás. Acabo de tender dos lavadoras esperando absurdamente que el universo siguiera mi ritmo. Como cuando te quiero y espero que me quieras a cambio y al mismo tiempo. Si lo pienso, ese vértigo de la sincronicidad, me endudo hasta las cejas sin depilar y me pasa lo que hoy, esa cosa rara en la boca del esófago, y qué manera de llover, eso que no sé y que se describiría fácil diciendo que me puede el sentido trágico y que a la mínima bruma pienso que todo va hacia la catástrofe. Suerte que compartimos las ganas de desgarramiento, porque tú me salvas del peligro teatral o te salvo yo, según los días. ¿Cuándo celebremos sesión juntos, qué? Se nos tambaleará el edificio como por la mañana y el daño innecesario. Cada vez llueve más, llueve como en la playa dijiste sin gafas que te gustaría que lloviera esta noche. Aquí tienes tu tormenta, aquí estoy yo.

miércoles, julio 07, 2004

Parque Sarrià

Todo es más fácil desde lejos, todo se quema en la piel, en los días, en el triste solo quieto momento de llegar a saber que es fácil morirse, que es fácil acabarse, la consumación, el horror de la guerra. Como hormiguitas arrancan bocaditos de mí.
Idiota LouLou que tienes hambre de cosas que pasen y de conflictos de este día caluroso bajo el árbol, no tuviste hambre pero ahora lo tienes, es tuyo y estás sola: sientes los mediodías que quedarán quietos sobre ti y las noches de volver a casa del otoño, las horas extendidas, el cansancio de llegar a conocer todas las plantas y despachos del hospital, el número de extensión de tus cuatro médicos. Sabes LouLou que tienes hambre de esto y que se te acabará cuando te lo comas todo. Luego nos iremos, LouLou, del hospital, y habrá otra línea en tu currículo y otro sinsabor por no saber quedarte o permanecer. Tienes sueño, LouLou, y sientes que no tienes cama, que estás invitada a compartir pero llegaste luego. Y no te importa, te gusta for once haber sido invitada, llegar a pertenecer a algo que no comenzaste. Sientes el sueño sobre ti y sientes tu estupidez, tu hambre y una inquietud de no saber cuál es la inquietud que te mueve o te sacude.

domingo, julio 04, 2004

Jocomomola

El desencuentro satisfactorio. La lluvia. Su manera de despertarme a las seis de la mañana. Las sandalias rojas africanas con caracolas que me regaló mi madre en la basura, los zapatos nuevos.