jueves, junio 02, 2005

Quiero un amigo en la ciudad

La ciudad no sabe nada de estas cosas. Se limita a estar mirando a las estrellas panzarriba. Turbulento y feo Bueno Aires. Brillante y tranquilo, violador. Loco inconsciente. Deberías hacerte cargo, ciudad, de mí.
Quiero un amigo en la ciudad. Un amigo que me lleve a la Costanera a ver amanecer. A un concierto al Colón el lunes por la tarde. Al café del gato negro en Corrientes. Que me haga un té con clavo a las 4:37 de la mañana. Un amigo con pañuelo que se responsabilice de mi suerte una tarde de tristeza. Que vaya a buscarme a las paradas de colectivo y me regale Sugus, azucarillos, un lápiz.
Un amigo que me lleve a Notorius a escuchar un disco de Mingus o al Konex a la Bomba del Tiempo.
Quiero un amigo en la ciudad para ir al cine club del Malba, a la plaza San Martín, al puente de la mujer de Puerto Madero a bailar un tango con tacos sujetos por un elástico o a las milongas de Almagro, al Konex a fumarnos un porro sentados en el suelo.
Un sábado a San Telmo podríamos ir y cargar con una mesa viejísima hasta su casa, mi amigo y yo. Hacer todo el recorrido del 60 con mate y bizcochos. Sentarnos en el cordón de la vereda mientras fuma. Buscar gatos. Ponerme su abrigo al atardecer por la calle Honduras, las mangas tan largas que me las tengo que remangar.
Si tuviera un amigo en la ciudad, él me dejaría notas en el buzón o en el quicio de la puerta. Podríamos comer salchichas y beber champán, subir a la azotea a poner el concierto para orquesta de Bartok muy alto, emborracharnos un día que estuviéramos tristes para acabar más tristes o un día que estuviéramos alegres para acabar más alegres. Ver los 3 Padrinos seguidos, hacer un picnic en la terraza de las columnas del centro cultural Recoleta.
Quiero un amigo en la ciudad para poder caminar de noche y esperar que pasen las cosas que pasan por la noche cuando caminas de noche. Alguien con quien ver a María Kodama cruzando Juncal en la esquina con Rodríguez Peña, con su falda larguísima de flecos y el abrigo acolchado con espirales bordadas de raso. Alguien en cuyo hombro recostarme en el bondi volviendo de madrugada de Villa Crespo.
A veces sería domingo y llovería y comeríamos pizza recién amasada o pizza de Guerrín. A veces no nos veríamos en mucho tiempo y mi amigo se quedaría en casa hasta que me durmiera. Me cantaría siempre la misma canción para que yo lo reconozca, mi amigo, a veces la cantamos los dos.
No tiene que ser tan difícil conseguir un amigo en la ciudad. A quién le molestaría hacer estas cosas conmigo. Quién no querría acompañarme jueves sí pero jueves siguiente no a los conciertos de la Biblioteca Nacional. Es absurdo hacer todas esas cosas más sola, se ensancha la soledad, se cierran las puertas de la boca.
Quiero un amigo en la ciudad que me lleve al Hispano a charlotear con los camareros viejos, al Desnivel a compartir un flan con dulce. Ahora es sábado y yo estoy sola en la cocina de una abuela de alguien que fue mi amigo en otra ciudad, con los tic-tac y el ruido consabido a motor de frigorífico. Si tuviera mi amigo él me rescataría o yo podría rescatarlo a él, cruzar tres veces seguidas la 9 de julio, felices arrebolados, ir a una casa donde fuéramos los payasos y la comidilla, mirarnos a los ojos en el subte sin saber, comentar las figuritas de mineral rosa de los escaparates de Florida, ver una peli horrible en el Cosmos, esperar a que sean las 4 y tomar churros y un submarino en La Giralda.
Si existiera mi amigo en la ciudad mañana domingo por la tarde habría un café en el Británico o en la Poesía asegurado, un banco en el parque Lezama asegurado. Pero no hay un amigo para mí en la ciudad, y yo no me atrevo a pedírselo a nadie, eso nace, en el pasaje Bollini al encontrar una cucaracha en el plato de fideos, en el auditorio del Bauen mientras el programa de Dolina, al salir del Tortoni, mientras se lee El hombre sin atributos en El Ateneo.
Muchas de estas cosas ya las hice con Juan Martín, quiero quiero siempre repetir, quiero todo lo demás. Tengo miedo de habernos perdido. Buenos Aires bandolero, devuélveme a mi amigo.