viernes, junio 30, 2006

alioli

Anoche preparé un alioli y le puse anchoas. Esto es importante porque en otro tiempo me hubiera parecido una asquerosidad. También preparé una ensalada de arroz y esto también es importante porque en otro tiempo no muy lejano, cuando veía a Pepa en su casa frente al Hipercor comer arroz frío me parecía una asquerosidad. Con todos estos disgustos superados el placer de cenar es mayor. Martín volvió de su rodaje maquillado y agotado y charlamos un poco, terminé de leer Peter Pan, recordé mis recorridos de autobús del día, me dormí. Luego él me despertó como en los viejos tiempos.

miércoles, junio 28, 2006

San Juan

Fue San Juan, hicimos una fiesta en casa, muchas mujeres, cada una disfrazada de sí misma y con sus cosas y sus seres y sus dientes y muñecas. Fue bonito verlas a todas juntas agrupándose según distintos patrones, ascos y preferencias. Se miraban unas a otros preguntándose si eran ellas o no las favoritas. También había muchachos tan disímiles que parecían escogidos cada uno de un sector poblacional. Martín estaba contentísimo de ver al señor pantuflas charlotear con el señor dos apellidos y medio. Yo ahora que estoy así como lunar me puse contenta de que hubieran venido hasta casa.

viernes, junio 23, 2006

Fille putain

estaba pensando en eso de llegar a la tardecita y ponerte las bermudas de la selección jamaiquina de fútbol o una pollera harapienta de feria con un estampado fabuloso, boludear un rato por la casa en patas, fumarte un caño y salir a dar una vuelta. pensaba en eso y en coger. en coger toda la tarde, así desde que terminás de almorzar hasta que tenés que salir de raje y toda arrebatada porque tenías una cena hacía dos horas, ponele. te vas a los piques con el corpiño de la bikini en el bolso y te atás el pelo como viene porque se te pegotea en el cuello. menos pachorra tibiecita abajo de las frazadas y más tomarte tres mojitos al sol con la comida. o sea, menos pijama y más sábanas transpiradas, menos cenas y más bares, menos larva y más vampiro, menos casas y más calle. esos findex que estás todo el día yirando por ahí, que a la mañana hacés compras, almorzás en tal lugar, después vas a tal otro, merendás un licuado granizado o un frappuccino o te pasás todo el día de la cabeza en la pileta, chapoteando en la colchoneta inflable, rostisándote como una puerca. ducharte con agua fría, salís de la ducha y te da para encremarte y perfumarte porque no te congelás y, por sobre todas las cosas, no te molesta el pelo mojado mientras te vestís. es más, llegás a la madrugada toda pegoteada y te das un duchazo vigorizante y cogés todavía medio húmeda y el pelo se te va secando con el garching y después te queda todo frufrú mal, así onda de mil maravillas. o no, directamente no aguantás ni unos metros y cogés de parada en el pasillo, en la mismísima puerta de tu casa y no te da piel de pollo del fresquete. no cargás abrigo, ni añorás la estufa y la mantita de lana de mirar tele en el living y un torpedo de frutilla de repente es el almuerzo perfecto. que amanezca a las seis de la mañana y camines con el sol que te encandila y si tenés sandalias muy todo el pie al aire seguro te salpicás porque las veredas están recién baldeadas y no te jode ni un poco. dios, de salir el sol a rajar la tierra se me solucionarían todos los problemas.

viernes, junio 16, 2006

Se llama Mordedor

Me he tenido que comprar un mordedor de ésos que usan los bebés cuando le salen los dientes, para descargar rabia. No sé qué rabia, pero llevaba un mes con insomnio, quedándome dormida al amanecer y despertándome con una mandíbula incrustada en la otra. Lo compré el viernes y lo mastico mientras traduzco, estoy bastante más contenta y sin malas intenciones, y ¡duermo! Sueño con matrimonios gordos que escapan del revisor porque no han pagado el billete y no aprieto las mandíbulas entre otras cosas porque me duelen tanto de tener todo el día el mordedor ése con forma de hipopótamo metido en la boca.

viernes, junio 02, 2006

Costanera

Si sigues caminando adónde llegas. Quizá a la costanera donde el río marrón o pardo o chocolate o mierda no brilla y sufre sus pescados muertos y sus botellas de plástico.
Si sigues caminando en otra dirección puedes llegas al barrio donde todo es de colores porque está lleno de extranjeros que compran cuotas de modernidad a precios exóticos, comen en platos cuadrados, llevan gorros de lana tejidos por señoras que luego al llegar a casa removerán polenta.
Me acuerdo de Barcelona que era como una farsa porque en mi cabeza existía otra Barcelona previa que sigue incólume en mi cabeza a pesar de que haya vivido en otra Barcelona, aparentemente la verdadera, que me rechazaba con mala saña. Pero Buenos Aires es diferente, a veces creo que tampoco existe, pero es más como un engaño colectivo (si todo el mundo se fuera y la dejara desierta, ¿seguiría siendo Buenos Aires?), y otras veces está ahí, desnudo bocarriba expuesto ante tus manos, aparentemente con todas sus puertas abiertas, y luego es falso, es sólo la ilusión de la posibilidad.
Me canso de no saber cómo tratar a las ciudades para que me acojan, y de mentir, porque Buenos Aires me extendió su alfombra desde el primer día y es mío muchas veces, y otras lo siento tan lejos como la Costanera y por eso no me molesto en ir a buscarlo.