viernes, julio 28, 2006

Canción de amor de Otegui-Pérez

Yo antes caminaba andenes a paso rápido para verte salir del único ascensor.
Ahora seis ascensores multiplican la posibilidad del desencuentro.
Antes de tarde, de noche o de mañana íbamos a algún lugar con rocas y ese mar-charquito falso.
Antes yo podía medir tus angustias en el motor muerto bajo la lluvia de Jesulín.
Ahora te ahogas solo y no hay ayuda en carretera a la que esperar, juntos, a que termines de girar, y escupas, y vuelvas.
Todo era frágil y leve y peligroso y huracán, nadie nos creía.
Ahora todo está sentado y por escrito y castrado como el gato, todos asienten moviendo la cabeza.
Seamos nuestros un rato cuando la vida nos golpea, a veces no puedo respirar de rabia de existir, no sé dónde estás; si pudiéramos recostarnos en un césped o rompeolas o taza de café,
Si hubiera cinco minutos secretos para volvernos a conocer,
Para decirnos tú no sabes, sí, sí que sé.
Las dos ciudades fueron malvadas y asesinas, y yo siempre fui una loca hambrienta, y tú un bichito rabioso.
Sin embargo fuimos Barcelona. ¿Y si ahora, contra su voluntad, domáramos a esa mula bonaerense?
Sólo nos falta una frase dicha bajo el sol, o en el colectivo, o al cruzar una avenida peligrosa. Sólo nos falta tiempo, una tranquilidad, una mano como cuando me alargas el mate.
-No te mueras más sin mí-

sábado, julio 08, 2006

Segunda canción de amor de Otegui-Pérez

No hay un libro de instrucciones que nos diga dónde poner las piecitas de la vida para que todo gire y gire sin aceite lubricante pero hay un libro del amor que no está escrito y sabe todas las cosas todas necesarias para las distintas felicidades pequeñas y posibles.
Hoy mientras estaba en la cocina pensaba en cómo sería que volvieras hoy a casa, porque yo te estaba esperando y tenía tantas ganas de verte, es como si los horarios me interrumpieran el curso de lo que debiera ser-pasar. Está bien este tiempo en el que me doy cuenta de que volverás a casa en algún momento, que no se acabó Otegui-Pérez, que seguimos sabiendo el uno del otro y que aún si me dejas puedo morder tu barbilla. Siempre cargo con el principio de incertidumbre de esta historia, y por eso cada vez que nos encontramos en un lugar que no es nuestra casa me pongo considerablemente nerviosa y me da el pánico escénico. Quisiera comprarme un sombrero diferente para cada cita. Lástima que ahora tienes tantos horarios que no queda espacio para cafés o solecitos ni sombreros nuevos.

Hoy tiene la hache triste hoy

Llegó el frente frío para hacerle frente a esa incomprensible oleada de humedad tropical que agradecimos en realidad porque no hay nada que más nos estorbe que el frío y la ropa, capa y más capas. Ahora en El Puerto hace calor y la gente va a la playa y se baña tranquilamente en los océanos, se come un helado en cucurucho de sabores normales como vainilla, turrón, fresa o chocolate, nada de mandarina-mango, super-extra-dulce-de-leche-triple, o frutos-del-bosque-recogidos-al-amanecer. Cómo sería volver, me pregunto, un rato, sin que nadie se dé cuenta de que has vuelto, ver mis viejas películas, sufrir los momentos ésos reencuentro y el dolor de despertenecer porque quise irme, la falsedad de las Ítacas una vez que bajas del tren y te abrazan y luego llegas y esta todo igual, la vida de los otros.

Amor verdadero o falso

Creí que se me pasaría con el tiempo pero cada vez estoy peor, creí que sería igual que siempre fue, introito, tema principal, variaciones, y poco a poco el ritardando y el fin. Pero no, aquí persiste no incólume sino enfurecido mi amor barcelonés (a veces echamos de menos Barcelona, esa oscuridad nocturna construida con las manías ahorrativas catalanas, las palmeras, la fiebre general de estar allí, Vía Laietana), transportado a través de un océano al parecer moribundo, todo lleno de bifenil polibromida, nos morimos, pero yo sigo empeñada, a pesar de todos los embates malsanos de la economía destruida de este país, a pesar de la viveza criolla, de que San Telmo se pervierta a precio dólar, a pesar del peso de la montaña barilochense. Quizá es que todos los demás son amores ambientales y éste nuestro es amor amor, ni encoge ni destiñe.

We all want something beautiful

No es tan difícil de comprender, me parece, esa pulsión tan compartida por el brillo, todos aspiramos a tener algo que pueda ser cantado, y algunos a componer esa canción que nos canta a nosotros en los momentos en que nos tapamos la cabeza con la sábana de felicidad terrible o de terrible desgracia.
Lo que quiero decir: nadie quiere ser anónimo o no ser nunca acariciado, acabar con una gabardina parduzca y un gorro de lana merodeando por las estaciones, que nadie jamás lea tu blog o te hurgue el bolso a escondidas. Nos da miedo estar solos porque nos da miedo sufrir solos, queremos espectadores que otorguen sentido a nuestro teatro privado de existir.
Y si se quiere, se puede recordar que estamos siempre a punto de morir y quizá se perciba mejor la muerte en esos instantes ínfimos de infinita plenitud, en la alegría garrapiñada, en el sexo, dentro de una casualidad, o cuando simplemente caminamos juntos por la avenida Belgrano y cruzamos, juntos, la 9 de julio.

viernes, julio 07, 2006

400 pesos

A veces me abrocho el ego y uso pañuelo y zarcillos largos como solía y salgo a la calle, cualquier trámite es excusa para que me parezca una aventura. Si puedo ir contigo unas cuadras es mejor caminar como si estuviéramos dentro de una película. Si estoy sola observo a los dos hermanos del subte hasta Perú con cara de tristeza de volver a casa, o a ese señor que esta mañana en Sarmiento iba tirando unas muestras de champú al suelo y luego se escondía en un portal a atisbar si alguien se agachaba a recogerlas.
Hoy ha terminado mi paseo en fracaso porque hacía mucho calor y yo llevaba puesta mi rebeca larga de lana negra y estuve a punto de perecer en Diagonal Norte y Mitre del sofoco. En la cola delante mía un señor intentaba que le pagaran hoy para comprar sus medicinas. A me dieron la miserable paga por trabajar en el festival de cine, y me volví a casa haciendo la estupidez una vez más de equivocarme de sentido y dar un hermoso rodeo.

martes, julio 04, 2006

Lennie Tristano

Tiene el ranking mundial de lo que va de mes con Intuition. Luego a veces el disco de Zizi Possi (me conformo en mi vida con grabar un disco así de maravilloso), y el Hejira de Joni.

lunes, julio 03, 2006

El transformador

Fui con Julia Luz a un concierto de jazz contracturado, a esta hermosísima casa que llora y en la que alguien, alguna vez, seguro, me apuesto el cuello y el anillo de casada, fue feliz. Ay, casi nos transportamos en el tiempo con todos esos jóvenes en tricota y chicas despeinadas, mientras uno está tan lejos, leyendo a Crével, eso dijo Cortázar cuando aún nosotros llevábamos tricota y no nos peinábamos jamás de los jamases. Ahora leemos a Crével y recordamos con nostalgia. Pero, en fin, estuvimos allí respirando los aires veinteañeros, viendo cómo es posible juntarse en una casa que fue una casa y ahora es un centro de conspiración por el que pasan los que pasaron siempre mientras tuvieron la edad de pasar. Los viejos sofás, los cojines en el suelo, las cortinas improvisadas, la música que aún rabiosa quiere ser única y expresar. Y yo queriendo entrar, toc toc, pero qué lejos estoy, además sólo podía escuchar la casa que decía, volved, volved. También pensaba en que en realidad me gustaba tanto estar allí, con Julia Luz y la chica tan guapa amiga suya, pero que si me pusieran dos bandejas así con guarnición, en un lado eso, la casa, el concierto, las personas y las consignas del general Marcos, y en otra, Martín, yo me volvía tan tranquila a casa. Me parece que me estoy convirtiendo en mujer.

sábado, julio 01, 2006

El tren del oeste

Este país, para qué voy a decir más. Ayer me fui a Castelar en el tren repleto de personas viajando al oeste, nadísima que ver la manera de transportarnos a nuestro destino con la manera de transportar a los hermanos argentinos que viajan en dirección norte, parece que ellos tienen el culo y el tacto más sensible que los que van a Moreno, que debe de ser como el matadero municipal, conforme van llegando los pasajeros en los vagones los sacrifican. La estación de Retiro es como la de Wroclaw, pero la estación de Once es como la de Calcuta. En fin, yo llamo a la revolución.

Contra la estupidez de este mundo

Ya lo he escrito en los azulejos de la cocina, sólo queda reírse o morir. Yo me río pero sola me muero. En realidad estoy muy contenta pero me siento a escribir y soy incapaz de escribir las chispitas que son algunas veces los cafés, las noches, el agua para el mate, sólo la queja. Estoy muy distraída y no cronometro los momentos, vivo después, no tengo las aletas de la nariz preparadas para el abordaje. Alunada. He puesto Hejira en cuatro reproductores diferentes del ordenador, intento respirar ahora y sólo ahora pero todo está reverberado como la música. Vivo dentro de una pecera aunque prefiero pensar que vivo bajo el océano. O quizá soy el océano y prefiero pensar que vivo en una pecera porque me asfixia todo ese espacio sin aprovechar.
Dibujo el dragoncito. Grabo en la plancha. Preparo el almuerzo. Miro por la ventana y veo la nube verde moco que flota sobre la ciudad ni siquiera amenazante, sólo fantasma que se va. También luego hay un reflejo rosa del sol reverberado sobre las losas del salón. Puedo proponer café con leche y apoyar la taza en el suelo, creer por un segundo en la placidez y una tregua pequeña hasta que se vaya el reflejo y la nube verde devenga marrón.

19 meses

Hoy vino Julia Luz a tomar mate y reírse. Luego salí a la calle y no tuve frío. Hoy para conjurar esa tentación del sentir frío y así convocar todas mis inclinaciones de anciana me puse medias de rayas y zapatitos. Y salí a la calle después del atardecer. No es fácil, señores, me siento como los convictos de las películas norteamericanas cuando salen y son incapaces de adaptarse a la vida “de fuera”, me cuesta dios y ayuda arrojarme a esa jungla porteña que no tiene nada que ver con lo que esperábamos. Yo esperaba una París acriollada, mente calenturienta cebada de la literatura de un montón de falsarios. Ya he dicho un millón de veces que a veces Buenos Aires es Buenos Aires, aunque a lo mejor lo que ocurre es que a veces yo sintonizo con el pulso de la ciudad y me quedo quieta, callando, ejercicio que me resulta casi imposible estos días de negación. Ayer, en el 110, bajando por Las Heras, por ejemplo, me tuvieron las ganas ésas de no bajar nunca y seguir seguir, hasta el océano o donde fuera, calles y cuadras y la ropa de la gente que cambia según el barrio. Luego se me pasó, bajé, escuché el acento y me extrañé, como si no hiciera 19 meses que vivo aquí.

Canning y Corrientes II

Volví a ir a Villa Urquiza, no iba desde el año pasado, fui en el 110 desde Las Heras, me pasé de parada, no me di cuenta hasta que vi la puerta de su antigua casa. Luego caminé contrasentido dos cuadras, así que tuve que andar cuatro cuadras para atrás y me sentí como una idiota.
La casa nueva es como de recién casados, toda blanca y con puertas acristaladas de suelo a techo que dan a un patio pequeñito. Tomamos té y galletas con ajonjolí y cortamos el patrón de un pantalón. Las dos andamos barruntando ataques y murmuraciones, así que es mejor que escupamos juntas para que no se nos asusten los niños. Atardeció y todo estaba oscuro porque todavía no hay electricidad. Me fui cuando volvió Chapa a casa, me equivoqué de nuevo de sentido y caminé en total 13 cuadras gratis en este segundo despiste geográfico. Hacía frío y estaba fastidiadísima, sobre todo por estar fastidiada, todas las tiendas estaban cerradas y Canning a esa hora es como lo más triste, sólo quería llegar a casa y hacerme un Cola-Cao, abrazar al gato, encender la estufa. Desear eso me deprimió todavía más, es muy patético de mi parte que una temperatura de 11 grados y un poco de viento en contra y ser tan estúpida como para equivocarme constantemente de sentido puedan con mis ganas de ser en la ciudad. Luego ya me fui en el subte hasta Uruguay y vencí y entré en el San Martín, me senté un rato en las escaleras a ver si así recuperaba la visión de la alegría de las cosas. Al menos me sentía a salvo, no sé de qué, pero a salvo, me quedaría a vivir en ese vestíbulo. Decidí quedarme a ver Lear, pero no la estrenan hasta el sábado, así que me levanté y arrastré los pies hasta Talcahuano y luego hasta casa, compré naranjas de zumo y efectivamente abracé al gato, encendí la estufa y me sentí levemente derrotada, aunque no lo suficiente porque me reí de mí misma y supe que esto también pasará. Tengo entradas para el domingo para Lear y para el miércoles para el Wojteck.

Canning y Corrientes I

Ayer estuve de nuevo en Canning y Corrientes, después de muchísimo tiempo, esta vez fui a otra casa, a visitar a la misma Caroll de entonces que ahora vive a ras del suelo con grandes ventanales (bow-window, las llaman en este país anglófilo y traidor) y ladrillos de menos de 70 años. También ha cambiado a aquellos compañeros variopintos y enajenados por un señor más domesticador y divertido.
Al salir y como es mi costumbre me equivoqué de sentido y aparecí en Córdoba. Tuve que dar la vuelta, todas las tiendas estaban cerradas, hacía ese frío feo que te da ganas de estar de vuelta en casa como si tuvieras 75 años, y entonces te deprimes por no soportar las bajas temperaturas y el airecillo helador característico de esta ciudad, y por sospechar de todo transeúnte.
Al salir del metro no tenía ganas de andar las seis cuadras hasta casa, así que entré en el San Martín y me senté en las escaleras. El San Martín es para mí el Tiffany´s de Holly Golightly, sé que absolutamente nada malo me puede pasar mientras estoy dentro. Aún así estaba tan inquieta, inquietud tristísima de la que te empuja a mirar escaparates cualesquiera, de ferreterías, papelerías o tiendas de pañuelos, y te hace arrastrar los pies por Corrientes, estúpidamente intentando multiplicar la posibilidad. Me quedé sentada un tiempo considerable, no sé, un millón de años, me imaginé tomando un café en el Gato Negro y luego quedándome a ver el Woyzeck, pero en vez de eso me fui a casa y abracé al gato y le dije: no hay manera.