sábado, julio 01, 2006

Contra la estupidez de este mundo

Ya lo he escrito en los azulejos de la cocina, sólo queda reírse o morir. Yo me río pero sola me muero. En realidad estoy muy contenta pero me siento a escribir y soy incapaz de escribir las chispitas que son algunas veces los cafés, las noches, el agua para el mate, sólo la queja. Estoy muy distraída y no cronometro los momentos, vivo después, no tengo las aletas de la nariz preparadas para el abordaje. Alunada. He puesto Hejira en cuatro reproductores diferentes del ordenador, intento respirar ahora y sólo ahora pero todo está reverberado como la música. Vivo dentro de una pecera aunque prefiero pensar que vivo bajo el océano. O quizá soy el océano y prefiero pensar que vivo en una pecera porque me asfixia todo ese espacio sin aprovechar.
Dibujo el dragoncito. Grabo en la plancha. Preparo el almuerzo. Miro por la ventana y veo la nube verde moco que flota sobre la ciudad ni siquiera amenazante, sólo fantasma que se va. También luego hay un reflejo rosa del sol reverberado sobre las losas del salón. Puedo proponer café con leche y apoyar la taza en el suelo, creer por un segundo en la placidez y una tregua pequeña hasta que se vaya el reflejo y la nube verde devenga marrón.

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