sábado, agosto 05, 2006

Mi padre

Hace más de un año que no veo a mi padre, nunca había pasado tanto tiempo en mi vida sin verlo, a mi padre, una vez estuve cinco meses, y cuando volví él había envejecido cinco años. Cómo estará ahora mi padre, es incomprensible que yo esté en este país con el mate en la mano, mirando cómo desmontan la cárcel de Caseros por la ventana, mientras mi padre en alguna parte del otro lado del océano ve cómo pasan sus días pensando que su padre murió a los 63, cuándo me tocará a mí.
Mi padre en su sillón con las gafas puestas escribe sus poemas sobre espigas o marineros, hace muchísimo calor y mi madre no quiere salir, y por otra parte salir adónde, a dar un paseo cansado con esa mujer enferma enganchada de su brazo.
Me lo estoy perdiendo, a mi padre, ese hombre que se vendió a mi enemigo y me mató, ese hombre que a veces malo y a veces bueno siempre fue mi padre, siempre fue un libro, la preocupación por mis fiebres y mis desplantes; y al final no fui yo la hija más descastada ni más díscola, al final yo soy los padres de mis propios padres, unos padres irresponsables soy porque mientras ellos ven el sol ponerse en el Atlántico yo miro la cúpula del Congreso verde, achicharrada de mierda, reflejar poco a poco ese sol moribundo que está harto de alumbrar esta mierda de planeta. Me importan esa misma mierda los israelíes, los palestinos, los tutsi y los coreanos, porque hace más de un año que no veo a mi padre.

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