martes, octubre 03, 2006

Museo Nacional del Grabado


Los martes voy al museo nacional del grabado que es en realidad una viejísima casa colonial llena de corrientes y dos salas de exposición que nadie visita pero de donde se sustrajeron tranquilamente 590 obras como si tal cosa. Hay un patio lleno de muebles de oficina pudriéndose bajo la lluvia. Hay un profesor que desde que lo conozco tiene sólo dos alumnas. Una soy yo y la otra va cambiando, primero tuvimos a Yoko, esa gran berlinesa con la que fui al concierto de la Negra en el Rosedal, y ahora está Ana Mª, una señora así señora que imprime relieves de telas. El taller es como mi colegio cuando era pequeña, techos altos, paredes encaladas, muchísimo frío, sillas de plástico. En verano el patio aún estaba libre y a veces me sentaba en un banco a recibir los rayos venenosos del sol malvado. Tomamos mate cocido y yo intento atreverme a ser artista, lo malo es que aún llevo conmigo la maldición del borracho-profesor que en septiembre del 97 me sentenció a muerte.

lunes, octubre 02, 2006

Les yeux revolver

 C’est, entre autres griefs, pour son « regard noir » qu’un salarié avait été licencié d’un centre d’appel de la banlieue de Nancy. Il vient de gagner son procès aux prud’hommes de Nancy. L’ex-employeur a été condamné à verser 13 500 euros d’indemnisations à l’homme aux yeux revolver.