miércoles, diciembre 19, 2007

Proyecto de tren instántaneo entre Santiago y Puerto Montt

La locomotora del tren instantáneo
está en el lugar de destino (Pto. Montt)
y el último carro en el punto de partida (Stgo.)

la ventaja que presenta este tipo de tren
consiste en que el viajero llega
instantáneamente a Puerto Montt en el
momento mismo de abordar el último carro
en Santiago

lo único que debe hacer a continuación
es trasladarse con sus maletas
por el interior del tren
hasta llegar al primer carro

una vez realizada esta operación
el viajero puede proceder a abandonar
el tren instantáneo
que ha permanecido inmóvil
durante todo el trayecto

Observación: este tipo de tren (directo)
sirve sólo para viajes de ida

lunes, diciembre 17, 2007

La puta de Montera

Hay una puta en la calle Montera que siempre se pone botas exóticas. En verano lleva unas altas de caña y altas de tacón, de cuadros escoceses rojos, dentro de las que se le deben de cocinar los piececitos. Ahora lleva unas de raso rojas con lazo sobre las que tiene que estar congelándose. En la sordidez de la calle y la falta de exotismo de las putas de Montera, ella destaca apoyada en su farola o en su pared por sus botas llamativas e incómodas. Me pregunto si alguno de sus clientes las nota, las botas, si alguno la distingue a ella y le comenta su gesto: ella que se tomará la molestia de intentar afirmarse al salir cada día de casa para eso (aunque será inconsciente su gesto y no calculado, aunque quién sabe hasta dónde es calculada la inconsciencia), como signo de identidad, como otra mujer que no fuera puta se anudaría alrededor del cuello un pañuelo azul de flecos comprado en Bogotá o en Calcuta para luego al día siguiente por la mañana dejarlo abandonado en la casa de alguien, sobre el respaldo de una silla. Las mujeres siempre aspiramos a ser como las alianzas, aunque luego se deshagan de nosotras queremos dejar marcas indelebles. No sé por qué digo las mujeres, hablo de mí, y seguramente ésa es la razón por la que me fijo en las botas de la puta de Montera, porque en ellas me reconozco, en ese empeño de quedarse como fragancia o imagen fugaz o recuerdo, en ese empeño de descollar de entre todas las otras mujeres que pasen por los brazos de ellos, en ese empeño de dejar rastro cuando el rastro, querida puta de Montera, ya lo llevan tus botas puesto, contigo.

domingo, diciembre 16, 2007

Inshallah

Mi casa es luz amarilla y caldera, debe de refulgir vista desde fuera. Mi casa es como una isla ahora, de la que me costará salir mañana lunes por la mañana. El metro. Pasar frente al busto de Evita en su parque. La saludo todas las mañanas y todas las tardes, ella me dice siempre, fíjate la que armé yo sola, ¿qué haces tú? Ya verás, Eva, ya verás, ya haré yo llegar mi momento de balcón. Porque una vez más me doy cuenta de que enmarco otra ciudad en mí, la construyo mía y sola, la camino aunque me empeño en imaginarla con alguien que supiera por donde ando y en qué cafetería encontrarme, él y yo sólo hemos vuelto a tener una ciudad esos días en los que yo me negaba a seguir mancillando la casa y nos íbamos hasta el Palacio Real por la noche a apoyarnos en la barandilla que da al aparcamiento, o al poyo de La Caixa de la esquina de Virgen de los Peligros, a sentarnos en el suelo de la Plaza Mayor, o en el templo egipcio abrumados de tanto diálogo Secretos de un matrimonio. Soy injusta porque también Madrid nos existió en el círculo de Bellas Artes, en la Filmoteca, en el banco de la calle Alcalá en que nos sentamos incomprensiblemente un día rodeados de tráfico, en el titiritero que tanto me gustó en el Retiro y al que ahora le cebo mate algunos domingos, en el chino del aparcamiento de Plaza de España, en el concierto de Ruibal en la Galileo (y eso que estábamos tan peleados que nos mandábamos mensajitos puntillosos allí sentados, el uno al lado del otro), en el trayecto con Norita a casa de Slepoy, en la noche que me acompañó al Berlín.
El gato está siempre conmigo cuando estoy en casa, soy su almohada y su solaz. Si el gato no existiera el mundo sería diferente. Es triste hoy para mí pensar que mi casa que sisea es un refugio del gato y mío, que es el único lugar que tenemos en el mundo, que caminar con gorro y bufanda y mate y cantar con señores músicos asentados y con hijos seguirá constituyendo mi propia crónica que debo escribir a golpe de mi llave cuando abro la cancela de la casapuerta y miro arriba desde el patio y la luz del salón está indefectiblemente apagada, y esta historia de amor conmigo misma que existe desde que recuerdo, esta barrera literaria que le impongo al planeta para que pueda entrar en mi casa, seguirá, como en las demás ciudades. Sigo siendo la misma niña con gafas hambrienta que fui, sólo que con trayectoria. Qué pensaría la niña de mí si me viera. Es bueno hoy para mí pensar que mi casa que borbotea calor es la casa mía y del gato, una casa en la Puerta del Sol; está bien ser yo para poder mostrarle a la niña de ojos grandes que fui lo que hemos escrito a golpe de llaves solas en muchas puertas.