lunes, marzo 31, 2008

Sin vanidad, sin pereza, con cojones

-Un día me voy y no vuelvo.
-¿Adónde te vas a ir?
-A vos.

domingo, marzo 30, 2008

Además de las escalinatas conozco el interior

Cuando Alcón en pijama le dice a Cordelia “¿Podrás perdonarme, podrás olvidar?”, vas y lloras, es así, y sabes que todos los demás también porque Alcón en pijama y de cierta manera le ha dicho a Cordelia “¿Podrás perdonarme, podrás olvidar?”, la peor de las líneas de diálogo de cualquier telenovela, pero ésa debe de ser la grandeza de los grandes, que en pijama y despeinados y acompañados por una Cordelia castellana y pedernal te estrujen el corazón al decir “¿Podrás perdonarme, podrás olvidar?”, lo que juró entre escupitajos nunca hacer por sus otras hijas, el peor de los dramas vecinales, te saja viva. No recuerdo a Urdapilleta diciendo esa frase, lo recuerdo grande grandísimo púrpura y blanco y negro y lengua afuera reclamando Mi cena dónde está mi cena, estrujándonos otra cosa que no era el corazón sino el hígado.
“¿Podrás perdonarme, podrás olvidar?”, me dice Lear. Y yo soy Cordelia.

viernes, marzo 28, 2008

Sábado por la mañana

enfant jouant.JPG
Así nos despertamos: Y me pongo loco, fantaseo con el mar, de irme nadando, de volverte a tocar.
Pero hay un sol, y vamos de paseo y nos probamos pamelas en la tiendita de Madagascar al lado del Reina Sofía, no vemos Picasso, abrimos un vino de Toro estupendo, tomamos té en una cafetería para divorciadas de Huertas, me compro un Fogwill, me invento, me canto, camino con mi amiga Arianne por Madrid.

Il faut tenter de vivre

Dos días seguidos esperando en las mismas escalinatas delante del Valle Inclán, mismo abrigo. Esta vez se me acercó un borracho venezolano de unos cincuenta años para ofrecerme su amor y su compaña. Le dije que a mi parecer todos los hombres eran iguales y que no estaba interesada (yegua malparida y mentirosa que soy). Él me dijo, mostrándome su mano abierta: No diga eso, los hombres ni los dedos de la mano tienen iguales. Hay que seguir.

jueves, marzo 27, 2008

La noche del teatro

Anoche quedé con Miguel en la puerta del Valle Inclán, y eso es lo más cerca que estuve del teatro. Fuimos a tomar unos vinos con dos directores amigos suyos, directores de los que dirigen pelis de verdad, por Lavapiés. Mientras bajaba de Tirso me asombré de lo vivo que está el barrio (siempre se piensa que si puedes comprar tomates a las once de la noche es que un barrio está vivo, en cambio la calle Montera en la que me siento tan segura gracias a las putas confluyentes y a los que pasan toda la noche apoyados en la pared al lado de la comisaría para conseguir sus papelitos está muerta muertísima). Anduvimos por tres bares diferentes, viva España. Ya se puede caminar por Madrid de noche, no te salen carambanitos de las orejas ni del ánimo, puedes levantar la cabeza para mirar los edificios, pararte en los escaparates de las tiendas de tela doble ancho dos euros, empezar a tener un plano mental de las calles, todavía me hago un lío y clasifico así: camino a la filmoteca, camino a casa de Juan, camino a casa de Igor, calle de mi trabajo, camino a Peñascales.

miércoles, marzo 26, 2008

Se acaba el mundo

Como es primavera, tenemos deshielo, aunque aquí en Madrid marzo ventoso y abril lluvioso. He tenido que sacar los gorros de lana de nuevo de su hermosa caja encontrada en la puerta del restaurante japonés de mi calle.

No quiero que desaparezca el invierno en la tierra ahora que empieza a gustarme, claro que on its terms, en medio de glaciares o pastizales helados, en Siberia o Tierra del Fuego o Noruega, en la ciudad el invierno es un asco sino fuera por las luces de Navidad de la Cibeles, las bufandas (salvo cuando se te enganchan los pendientes), los chicos con abrigos.

Cada mañana cuando cruzo el semáforo de la Avenida de los Toreros y ese viento gélido me barre la cara, bajando de alguna sierra pero sin sierra en derredor, me rebelo. Enfrente el Colegio Brains cuyo edificio es totalmente barilochense, incomprensiblemente sólido, enorme y piedra, ahí me resguardo los ojos mientras la luz roja, imaginándome que realmente es invierno y no simple rasca, ça caille.

A lo que iba, que se acaba el mundo, que hay hermosos días que se nos van, me ahogo frente a la pantalla, quiero campo abierto, vida abierta, dos semanas en la carretera, esta misma ciudad pero de otra forma, más urbana, más con él, más de aspirar en vez de inspirar, unos días últimos de la humanidad llenos de momentos como ése de ayer de prender la luz del salón y ver la casa mía, apaciguada después de dos días de trastorno.

Se acaba el mundo pero arriba más arriba, aún, claro, queda sitio, time for you and time for me. No comprendo cómo es que no nos asesina un rayo fulgurante, cómo no se nos oxida el alma.

Se muere el planeta, pero yo no.

Barrilete cósmico

Ahora me siento un poco culpable por frivolizar el paquetismo, a mí que me duelen tanto las casapuertas de Libertador y Billinghurst, las calles arboladas de Chamberí, las aceras con mármol de Vistahermosa, la rue du Faubourg Saint-Honoré, no porque deban desaparecer, sino porque así deberían ser también las casapuertas, calles, aceras de todas partes. Si uno se pasea en tenue Cruella de Ville frente a una villa de emergencia (y Argentina es toda una villa de emergencia al mismo tiempo que es el Jockey Club), no puede esperar que no vengan a aporrearle la cabeza. Si uno es pobre, como bien dijo el Selu, a los ricos les molestará el ruido que hace tu estómago. El hombre es cruel, el hombre es sublime, y esa extraña mezcla se exalta en ese país asalvajado, no en vano el Dios de los argentinos es quien es, el que personifica en sí mismo esa capacidad de grandeza y esa tendencia a la trampa, el camino seguro a la derrota. El Diego en la final del 86 se marcó el gol del siglo y la mano de Dios en cuestión de minutos. Es sintomático que allá se hable más de la mano de Dios que del preciosismo singular y único de su jugada del minuto 54. La patria de lo trucho. Qué pena más grande.

Los galgos los galgos

17004319.jpg
Si no hubiera ido a Lobería, ¿me habría llegado tanto Historia de los galgos? Sí, me habría llegado otro sitio del libro, Julián es ese cachorro aristocrático que tan bien conocemos. Pero el campo, esa alegría de la yegua sudorosa, el galope campo traviesa, esa felicidad sin más, ese amor inmenso e inaplazable por las cosas que una vez plantadas crecen, ese amor que me ha nacido en la pampa húmeda y no puedo cuestionar ni rechazar, que me exige amanecer allí, respirar allí, pudrirme siendo allí, no lo conocía antes, ni lo hubiera sospechado.
En Argentina el campo es otra cosa, no son Lan Zanjas como las ve Julián (porque él sólo ve su caprichoso mundo de cachorro aristocrático), y como seguramente lo veía Sara centauro, el bañado inútil y los potreros sólo para recorrer. El campo es división de clase y es fuerza, lo que ambiciona el poder, lo que sustenta el poder, lo opuesto a la negritud, es España años 30, una de las dos Argentinas que ha de helarte el corazón.
Carolina me regaló Eisejuaz y me hizo comprarme la narrativa completa de la Gallardo en una librería de Corrientes. Devorado todo en esas noches de invierno madrileño cuando regresé, en la mesita de noche Piglia se deslució al lado de Sara. Quiero Los galgos los galgos desde entonces. Ayer volví a leer la versión acortada y me he puesto como loca a buscar la novela original. La editorial que lo reeditó, propiedad de la hermanísima Marta Gallardo y sita paquetísima en Posadas al 1300, se llama Elefante Blanco y sólo publica crónicas de viajes por la geografía nacional de allá del XIX, sólo libros sobre lo que hubiera sido la Argentina si todo fuera Barrio Norte. En el 2004 abrió tiendita pijísima aquí en Madrid, en la calle de Fortuny número 37. Parece que ya no existe, el teléfono no funciona y la página web tampoco. Mañana me paso cuando salga de la oficina. Que alguien se pase por Posadas a ver si sigue existiendo la editorial. Que alguien me compre Los galgos los galgos.

martes, marzo 25, 2008

Un amigo en la ciudad (revisited)

Algo parecido a esto hubiera sido mi idea de une saison en Buenos Aires. La culpa no es del animal, hasta donde pude llegar (jamás se me hubiera ocurrido cruzar las vías cerca de Constitución, sola) creo que me porté bien. Me acuerdo del colectivo (¿el 86?) por Rivadavia hasta Villa Luro, aquel asado en la casita de madera de Docampo junto a las vías, de mis primeros viernes por la tarde Rodríguez Peña abajo hasta el San Martín, de los cafés en el Británico con mi cuaderno mientras llovía. Y de aquella noche cuando recién llegada me tomé el 39 en sentido contrario y me bajé en Combate de los Pozos y entré en un restaurante a llamar a Martín para que viniera a buscarme al que luego sería nuestro barrio. Luego el 39 de Godoy Cruz y Honduras a Santiago del Estero al 200 fue mi trayecto nocturno cotidiano un rato, nunca más tuvo que venir a rescatarme.
¿Con él? Obras de teatro, conciertos gratis, la Costanera, caminar hasta Congreso, esperar el 60, los taxis a urgencias cuando se operó, Plaza Francia, una noche que paseamos por Palermo, la casa de Marcelo en la Paternal, las casas de Carolina en Villa Crespo, los restaurantes de Barrio Norte, las vueltas de casa de Alejandro, las tormentas eléctricas desde nuestras ventanas de Yrigoyen. Fuimos al carnaval a Boedo, a todos los cines, a ver a Dolina al Tortoni y luego al Bauen, lo colé en las pelis del Bafici que me tocó presentar, lo esperé en la entrada del Celcit, lo llevé a casa de madrugada en el 110.
Aún así hay un Buenos Aires secreto mío que extraño, y hay un Buenos Aires nuestro que también extraño, aunque me queda ese sabor y ese peso de no haber... Tú odiabas esa ciudad.
En Madrid podría salir a la calle en babuchas, todo es más mesa camilla.

domingo, marzo 23, 2008

Impagable testimonio

Dejé el seminario en 1984 y esa misma noche me levanté al colectivero que me llevaba a mi casa. Tuvimos una relación importante. A tal punto que me propuso que compartiera mi vida con él. Le dije que no.

miércoles, marzo 19, 2008

Momento privilegio

Sentimiento caletero.jpg
Caminar por Campo del Sur, bajo la luna llena, camino a la Caleta, sola, mientras el sol se pone. Venir de casa de Fabio, de café en vaso y balcón abierto, de leer el tarot que le regalé hace ya tres años. Cádiz. Ver el Balneario desde enfrente, acordarse de otras veces que ahí estuve, de regreso de los viajes, acordarme de la última vez que estuve, con Martín, en noviembre, cuando Martín ya no estaba.
Caminar por Campo del Sur, luna llena, camino a la Catedral, sola, el Atlántico enfrente. Cádiz. Acordarme de otras veces que estuve ahí, caminando, barruntando, lejos de casa, siendo yo, cogiendo trenes para marcharme y al final encontrarme en Santa Catalina, buscando el viento de cara y el Atlántico abierto al otro mundo.
En diciembre cuando estuve en Mar de las Pampas y miré ese mismo Atlántico abierto mirando a este mundo me acordé de tantas cosas que pretendí sentada en estas piedras, hambrienta y sola, con las derrotas sin masticar por abandono, siempre empeñada en fabricarme nuevas derrotas.
No sé recibir, no sé aceptar, no sé pedir, porque nunca esperé que me dieran nada que no fuera feo. Y si me sentara en la orilla simplemente, y si desde la otra orilla del otro país donde alguien se sentó a mi lado me llegara una derrota que yo supiera encajar de forma que necesitara consuelo y me dejara consolar. Y si la próxima vez que Fabio me haga café dejo que me haga café. Y si vivo esta luna llena de pascua sobre Cádiz como lo que es, un momento privilegio, un regalo, algo que se me da y no algo que yo provoco al caminar.

martes, marzo 18, 2008

Inválidos sentimentales

Para Arianne

Les faltan las piernas del sentimiento.
PS.- Sus te quiero son sus meadas en el territorio.

lunes, marzo 17, 2008

Cumpleaños chic

-Lo que pasa es que tú eres muy heteruso, y eso nos encanta a las mariquitas.

viernes, marzo 14, 2008

Wir sind durch Not und Freude gegangen Hand in Hand

Fui anoche al Monumental a escuchar los cuatro últimos lieder y la sinfonía alpina, con mi amado director grausino y su maravillosa novia soprano búlgara. Esperando en la puerta del teatro, ataviada para la ocasión de princesa rusa, para seguir con los gentilicios, mientras miraba el Si el eco de su voz se debilita, pensé pensé pensé en cuánto esas cuatro canciones han viajado conmigo, desde que Rodrigo me grabó el Im abendrot en el 97. También me acordé de que Jorge le régaló a Martín la Alpina el año pasado, para mí es la banda sonora de cuando los dos se perdieron en el cerro y también es Hans Castorp en su ascensión a los infiernos antes de volver volver al valle hecho hombre.
Nos sentamos y emocionamos, hay que premiar lo bueno e ignorar lo malo, Martín me lo enseñó, pero cómo no mencionar el solo asesinado y sin fuelle, el solo asardinado del concertino calvo en Beim schlafengehen.

sábado, marzo 01, 2008

Club de fans

Las chicas maravillosas con las que comparto torturas oficinescas y diversiones vinieron a verme cantar, otra vez. Bea hizo unas chapitas con mi cara, con estrellitas Singstar. Y yo las amo por eso y en general.