martes, septiembre 23, 2008

Atrapada en Castelar

En el tren de pie me duelen los deditos porque las Adidas verdes que me compré en Once hace dos años siempre me estuvieron chicas, y en ese mismo Once viniendo para la estación escuché esta noche a un dependiente de una tienda de camisas decir que no habría trenes de doce a doce. No hice mucho caso y seguí hasta el segundo vagón de la formación del andén 1, con mi pantalón gris de hombre, el mismo que llevaba en el 98 en la Fuente de las Batallas, persiste incólume, la tela es buenísima, lo compré en Vero Modas en Birrambla. Me bifurco: un chico sentado me mira todo el rato pero yo miro todo el rato el libro de Saer hasta Morón. Llego y el gato está extraño y gruñón pero me quiere, los dos necesitamos una casa, en Asunción o donde sea.
Y al final sí, hay paro de trenes, 24 horas, de doce a doce, quería ver en el Gran Rex a la Porteña Jazz Band mañana, gratis al mediodía, claro que la alternativa no es mala: Gloria está leyendo Los galgos y se ha empeñado en hacer la tarta con ambrosía y merengue italiano.

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