jueves, septiembre 25, 2008

E se eu tô te dando linha é pra depois te abandonar

Me siento en la terraza, rodeada de cañas, incide el sol por la derecha, veo la plaza Vicente López y oigo el ruido del tráfico de Juncal, que a nivel sensorial es como si escuchara pasar los camiones por la nacional IV desde el piso que tenían mis abuelos en Las Torres. Tomo un té y leo trocitos de un libro que me sigue gustando mucho y que encontré amarillo, roto y abandonado en un estante del cuartito de la plancha.
Éste es mi descanso, apoyarme en la mesa con pie de bambú, mirar cómo brillan los caballos chinos de bronce con el sol de media tarde, intentar escuchar bajo el ruido del 10 que va a Wilde, del 101 que va a Once, el viento entre las cañas, las piedras de ágata del colgante entrechocar entre sí, la canción que dejé sonando dentro de la casa.

No hay comentarios: