miércoles, septiembre 24, 2008

Está bueno Buenos Aires

Qué decir de esta ciudad malhallada y bienhallada al mismo tiempo. Qué hora es, no importa, lo que quieras hacer lo puedes hacer, a cualquier hora, ver cantar a Maria Rita (me entero esa misma tarde), Les Luthiers, treatro muerto de hambre, pelis raras en el San Martín, la Varela en octubre, setecientos conciertos de aficionados, cenar a las cuatro de la mañana en cualquier parte, caminar caminar, cebar mate a personas atareadas, entrar en la tienda viejísima donde me compré tejidos sastre para hacerme pantalones con uno de esos pantalones puestos y enseñárselos al abuelito vendedor que se las ve con una loca, renegar del Malba, pasear por Plaza Francia, ver pasar seis 37 seguidos, tomar ristrettos enanísimos en los bares, pedir helado de dulce de leche con dulce de leche, sentarme en un sofá con Agustina a hablar y hablar, asadito en Boedo, tango en Boedo, me compro unas botas en Recoleta, baratísimas, un milagro, voy a ver a la Manzini a San Telmo, reniego también de Palermo, y no debería, se lo debo a Edu.

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