viernes, septiembre 26, 2008

La ofensa al portero

Voy a la editorial, que está en Santa Fe y Callao. No me acuerdo del piso y no hay placa en el portal, así que le pregunto a un señor que está allí plantado, en actitud y aspecto cancerbero, pantalón Pampero de portero incluído, si es, efectivamente, el portero del edificio. El encargado, me dice, y no de acá, sino de allá, y me señala el siguiente portal. Vale. ¿Y el portero de acá?, le pregunto. Encargado, mamá, me dice gravemente herido su orgullo corporativo, porteros son los del fútbol (no es cierto, aquí se llaman guardametas, y los porteros se llaman porteros, pero para qué discutir). Me señala a otro señor con la misma traza de encargado que me dice cuarto d, y mientras llamo al timbre los observo, están ahí delante de la entrada, en la acera de Callao, y el ofendido le pregunta al otro ¿cómo le va, portero?, y como no me puedo contener las ganas de zozobrarle el carácter, de pisotear de alguna forma su forma de estupidez, me acerco con mi mejor sonrisa ojos azules y le digo dos puntos "Perdóneme, no le quería ofender, es que en España decimos portero, es mi segundo día en Argentina y no tenía ni idea". Ahí los dejé. Surtió efecto mi jarabe de yegua malparida, porque al salir del edificio y caminar hacia Las Heras, el titular de la cátedra me agarra del brazo cuando paso por su portal, y me pide perdón, me dice que cuando uno le dice a otro maleducado el más maleducado de los dos es el segundo (quién iba a pensar que el portero era La Rochefoucould), y que si lo miro con mis ojos no se puede ofender. Quién iba a pensar que los porteros porteños tienen alma de porteños. Digo, los encargados.

3 comentarios:

david garrido collado dijo...

pues si le llegas a confundir con un portero de futbolín, te pega un pelotazo. Claro que con esos ojos ...

Anónimo dijo...

desde luego este tío no comenta más que mamarrachadas

Loulou dijo...

Yo no modero más.