viernes, octubre 24, 2008

Apenas bebida el hambre que tengo la escupo

Es complicado explicar lo que significa esta historia, porque es como explicar quién soy yo, mil ojos y ocho líneas de pensamiento, de 0 a 100 dolores o entusiasmos en 4,3 segundos. Yo sólo sé que tengo una pluma en la mano y un corazón abierto al bies, que estoy en Paraguay, país al que vendrán cinco españoles al año, que me quiero hacer un hueco para contar mejor, llamar al guitarrista de flamenco, a la vestuarista sevillana que trabaja en el tele, a la chica que es gestora cultural del Centro Cultural Español, a la madre de Renate, al guitarrista del septeto, no sé para qué, quizá sólo para ser yo, esa chica portátil de siempre que se rinde en una esquina y en la siguiente se ríe al encontrar una piedrita.
Han sido días de corregir un libro argentino, de sopesar una vez más, de considerar la posibilidad de ser la hija del fletero linda infinita se fue a Madrid donde parece que es feliz, de intentar sentarme para dejarme sufrir y no conseguirlo (mi cuerpo ha desarrollado una capa de epidermis impermeable al dolor, como que está tan harto de la insatisfacción que pasa de comérsela de vuelta, y me pide poemas para desayunar y aparta con asco el plato que le ofrezco). Y sí, han sido días de hacer locuras inanes como ir a un taller de actuación y ver cómo los actores se desangraban ante cualquier cosa, deseandito los chiquillos sufrir la piel ajena, como putas cabras, yo no los entiendo, pero participé: me relajé cuando me dijeron que me relajara y me enfadé (poco) cuando me pidieron que me enfadara, me acordé de Calígula en nourrise cuando me pidieron que pensara en algo triste, y de cómo apoyo la cabeza en el hombro de Martín para dormir cuando me pidieron que pensara en algo que me gusta, puteé a mi nuera imaginaria transformada en suegra imaginaria, pero lo de actuar no está hecho para mí, y menos à lo memoria emotiva, bastante tengo con mi propio teatro. Qué más. Conocí a un granadino hippie que vive aquí hace cuatro años y a su hija adoptiva pequeña y triste y desatendida, me dejé disfrazar y pintar cual puerta para salir en un anuncio, adopté una cafetería donde ya me conocen, comí dos veces chipa guazú a cada cual más feo (y es que guardo el recuerdo del que hacía María y no hay color), caminé toda la avenida España de noche y por el camino me compré una empanada de pollo riquísima, hice albóndigas, no fui al Bohemia el lunes porque sin coche soy una pequeña esclava, aprendí una palabrota en guaraní.

miércoles, octubre 22, 2008

Concentrado paraguayo de Loulou

No puedo separar las sensaciones, es el ir en el coche, sentada, ver pasar las cosas o pasar por las cosas mientras las veo, y es la inflamación del ver y de acumular lugares, visiones, casas en cuyos patios las mujeres toman tereré en sillas plegables, palmeras distintas, hombres llenos de barro que transportan ladrillos con la cabeza tapada con un trapo que les cuelga detrás sobre la nuca y una gorra encima, puestitos de remedio para el agua del tereré (y me gustaría saber cómo se piden los remedios, tengo que averiguar, seguro que César me explica), los niños fuera de la escuela a la hora de la escuela, las dos escuelas que hemos visitado hoy (la señora de la cantina que nos preparó café soluble), las canchas de fútbol de barrio (pura tierra roja y porterías de malla de alambre oxidado), llamar a palmadas delante de las puertas de las casas siempre abiertas. Y es que de pronto, al ver casas con la puerta pintada de azul, o aquella precariedad sin cristales en las aberturas para las ventanas, las telas distintas que tapaban los agujeros (una marrón, otra de flores celestes, otra de rayas de colores amarillos), la chica que descalza y vestida de rosa subía los peldaños hechos de ladrillo de la escalera que subía por fuera de la casa hasta la planta de arriba, necesito contar para ver mejor, y adoro esa sensación de estar mirando y anhelar sentarme frente a un papel, aunque rara vez, luego, lo haga. Y aquella nube negra inmensa como todo el cielo que venía mientras yo daba saltitos en la pista de baloncesto y un chico miraba sentado en un banco, echado hacia delante, sin nada que hacer. Y los perros que andan sueltos, y las tienditas misteriosas con estantes vacíos y una balanza, los señores que vigilan las cuadras sentados en las esquinas con sus sillas de plástico y termos o jarras de agua fría para el tereré.
Hay algo paraguayo que nace fuera de Asunción o en el centro centro de Asunción, fuera de los shoppings y las estaciones de servicio, en Ñamby o Luque o Lambaré o Caacupé, ese barro rojo y esos carteles de se vende hielo colgados en las cancelas de todas las casas, las flores amarillas o rosas o violetas que crecen a los lados de la carretera (a los costados de la ruta, dicen aquí, tengo que averiguar los nombres), algo que nace bajo los palos de las porterías de los campos de fútbol donde los niños se embarran de rojo, en las empanadas de los comedorcitos de madera, los camiones y camionetas Chevrolet o Mercedes de los años 50 pintados de celeste, morado o rojo carreta que aparecen por todas partes, y me llega a mí, despeinada y sola dentro del coche en mi visión, y me lleva a pensar que lo que sólo soy es mil ojos y una voz, y descubrir que tengo una Esencia y que mein Essenz es ésa, mirar y contar, me hace llorar, ya.

jueves, octubre 16, 2008

La imposibilidad no está en las intenciones sino en el sistema psicomotriz

Trasiegas antes de llegar, o quizás trasiegas más al llegar, hay un cliclic continuo de ver y no ver la puerta, o de poder y no poder la puerta. Y luego es recorrer la misma avenida y reconocer los hilos de lana rojo que van uniendo las casapuertas y las gentes, algún letrero, el sentido único que tiene estar presente, que es estar presente, la forma única de vivir, que es estar viviendo. No es fácil, llegar sin llegar, y atreverse, pero es la única manera, ser la reina de mi Asunción o morir en el intento, se lo dije hace un rato a un zaragozano, no puedo volver cabeza gacha, ya estoy aquí, ya estoy siendo cosas y apareciendo en lugares de este lugar, ya Asunción a lo Dinesen tiene una canción que habla de mí. Y no puedo porque yo soy así, porque así lo he decidido e igual que puedo esforzarme París (mejor no pronuncio París porque me dan ganas), puedo esforzarme Paraguay. Y hoy he almorzado en casa de una dentista que va a ser mi madre adoptiva paraguaya, una señora con hija emigrada y tatuaje en el brazo, y ahora tomo café con hielo en una terraza, 35 grados a la sombra, y espero a un director pseudomaldito a lo que él dice, veo pasar a las paraguayas esculpidas en sus vaqueros y caminando imposibles en sus tacones complicados, del brazo de los paraguayos con llavero de Audi en la mano, y hoy no necesité rescate.

miércoles, octubre 15, 2008

Cosas que faltan (lista móvil)

Patatas fritas de paquete (ni hablemos de los quicos).
Conexión a Internet.
El mar (el fin de semana fuimos a un río en Chololó y a un lago imbañetable en Areguá, preciosas tantas plantas y tanto agreste recodo, subí el río descalza con el agua apenas en la planta de los pies rodeada de verdura y pájaros americanos y bicharracos insectos, comí canelones de choclo al borde de una piscina con el oído machacado de música salida de altavoces gigantes de 4x4 pero el ojo suave a la vista de unas palmeras con tronco de pata de elefante).
Una biblioteca cerca (encontré, a dos cuadras, la del Centro Paraguayo Japonés, la del Paraguayo Americano está a cuarenta minutos en bondi, aunque el otro día me senté ahí a leer el libro de etiqueta de la Vanderbilt y pasé un buen rato).
Acedías y boquerones (todavía no he probado el zurubí).
Una cama.
Calígula.
Mis amigas y mis amigos (aunque los paraguayos son amables y sonrientes y buenísimos tereré aún no los entiendo cuando me hablan, usan ahora, luego, todavía y pues de manera equívoca para mí y deletrean cosas así: d de bobo y t de jose, creo que mi oído se tiene que habituar al modo guaraní, con n de gato).

Bohemia

Hay un Bohemia en Asunción, ese al que pretendí venir, y ahí está, siendo el bar, siendo los sofás y los ventanales y las paredes pintadas y los cuadros de amigos y los vasos perfectos de Georges Pérec y el jazz, los lunes.

viernes, octubre 10, 2008

Pasarse todo el día masticando chicle de canela

En Asunción los mangos crecen en las aceras. Parece que cuando maduran nadie recoge la fruta, que cae al suelo y así todo se penetra de olor a pulposidad podrida que resbalará, se mezclará con la tierra roja que hay por todas partes. En Asunción los árboles de mango crecen gigantes sus hojas verde oscuro en las aceras, raíces en el borde, los ves ahora cargados de frutos huevos verdes chiquitos, que crecerán crecerán y podremos recolectar en cualquier esquina, sorbetes robinsón.
En Asunción las calles laterales son de empedrado brasileño, así lo llaman, en realidad son pedruscos enormes sujetos con alguna argamasa, al descuido, tobillos y suspensiones de automóviles abstenerse. En Asunción las calles laterales son de piedra gris y ocre roturada, crecen yerbitas o árboles ficus en los intersticios, y miras a lo lejos y ves las veredas rotas con árboles distintos todos y si te subes a un autobús traqueteas como en diligencia.
En Asunción no sabes cuándo un lugar es recomendable o no, caminas la peor cuadra para luego ver que esa casucha con cartel en la puerta es la Magistratura o el Instituto Nacional de Lengua Guaraní, la franquicia de Rotring o Apple. En Asunción no tengo sistema de referencia, es como si hubiera llegado a Marte o a Buenos Aires o a Wroclaw, los parámetros urbanos se derriten aquí, todo se mezcla en muros desgastados o quintas suntuosas, y la única manera de saber es quedarse a vivir o un guía generoso.
En Asunción golpea el sol si te pones a su alcance, un metro caminado sin sombra es un metro chamuscado. Y si no, llueve amazónicamente y se inundan las calles y no puedes vadear el camino AB. En Asunción hay luz blanca cegadora, amanece a las cinco y media porque tuvieron que cambiar la hora, se levantan tan temprano los paraguayos a la vez toditos que se colapsaban las centrales eléctricas.
En Asunción hay tiendas de alquiler de puffs, los tienen amontonados en la vereda, hay taburetes en polipiel Barcelona lounge, y cosas rosas con Pukas o Bob Esponja, por si alguna vez haces fiesta en una casa vacía y pretendes ser menos in. Si quieres echar una quiniela hay señores viejitos con mesa plegable en algunas esquinas que son las administraciones oficiales de apuestas del estado.

martes, octubre 07, 2008

Confiterías

En la mesa de al lado un inglés con su ex-mujer paraguaya de flequillo imperturbable. Le recuerda que le pasa cinco mil dólares al mes cuando ella se queja de que no le alcanza la pensión, en un país en el que almorzar en una mesa de madera pintada de verde plantada enmedio de la acera la comida preparada por una señora que allí mismo y con amor te la pasa de una fiambrera grande a otra más pequeña, te sale menos de 2 dólares. Ella viaja a Miami, seguro que en el avión sigue llevando esos vaqueros fajados y esos tacones, esa tersura La Prairie. Él la amó mucho en otro tiempo, ahora debe tener ganas de volcarle el agua hirviendo del té en esos mismos muslos que fueron el escenario único de lo verdadero de su amor.

Europea

Martín me cuenta que vio a unas alemanas haciéndole una foto a unos niños que hurgaban en la basura. Los europeos os morís por esas cosas, me dice, y yo que me he conmovido por un carro tirado por dos mulas y dentro bolsas de basura y ramas y un niño, por los niños que en los semáforos te venden cualquier cosa o te piden una moneda, los niños que tarde de noche andan por la calle, el niño con el flequillo en los ojos (qué guapo que era el condenado) que subido en el guardabarros de la 4x4 de delante le dio experto indicaciones a Martín para desaparcar el coche, las niñas que venden paypays, los niños que limpian zapatos, los niños que limpian parabrisas, los que sólo caminan descalzos, y la niña que en la frontera pedía comida para comer, yo que había visto todo eso y quería decir que esto no es la India pero lo parece, me quedé pensando en que yo era europea y Martín era americano, en el abismo infranqueable de capacidad de escándalo que va a mediar ahí, siempre.

lunes, octubre 06, 2008

The secret garden

Avenida España 1315, ahí, enmedio de la serie de chalets ostentosos Malibú o colonial, una verja de hierro forjado estilo Parque Genovés rodea una finca enorme, un terreno selva virgen, tierra roja, ahí, un territorio Faulkner o un jardín psiquiátrico, la vida empantanada en verde. Dentro y lejos quizás una casa, un señor en la cancela abierta que te mira, y un cartel de prohibido el paso a los extraños. Camino y camino y no se acaba la verja, y adentro, en reducto, las plantas árboles están esperando que muera el mundo de los hombres.

El sentimiento inverosímil

Y es de pronto estar sentada por la noche en una terraza tomando zumo de piña recién exprimido frente al Panteón fides et patria, y darme cuenta así de que estoy en Paraguay, donde las plantas se exuberan tanto que si durante tres meses no transitaran personas se lo comerían todo. Y es de pronto el estar en un coche recorriendo la ciudad, que sea de noche y la tarta de merengue que es el Palacio Presidencial iluminada Casino quede a nuestra derecha, y eres tú diciendo que sería una casualidad que fuéramos los dos juntos de viaje y no un plan romántico, soy yo con la alarma intensa posibilidad de intensidad encendida, eres tú pensando que un sentimiento es una cosa inverosímil, es el río, allá abajo, lejos, somos nosotros divertidos y sin peso no decidiendo que nos quedamos a vivir aquí.

sábado, octubre 04, 2008

Imitación a la vida

Debo de estar acercándome a una tierra más generosa, caminando a la primavera, porque me vuelve el arrebato, las ganas de escándalo, d´épater le bourgeois, de gritar, de epidermis, de amor goutée à deux al mediodía, de robarme los escenarios para cantar y cucharitas de café, de emprender, de que mi hueco sea el centro de mi universo, de que nada encaje, de viajar sola, por eso ahora que no puedo dormir apoyo la frente en la ventanilla, y ahí fuera la Cruz del Sur es como la señal de la belleza del salvajismo americano, y ahí fuera una estrella fugaz errante cae para mí en este autobús de personas dormidas que viajan por el norte de Argentina, y yo pido mi deseo, pido mi deseo de ser yo.

La reina de Asunción

Llego, ciudad nueva, ciudad verde, ciudad mate frío, ciudad yuyo, a ti, pequeña pero grande llego, amenazada (los derechos de la mujer mueren en Santa Fe, dijo Enrique), dispuesta llego, ciudad nuevva y Asunción de la nueva época americana, y quiero ser en ti algo que se sepa, mi edad otra en ti seré, y ahora te estoy esperando a ver cómo sabes recibirme.

Te doy mis ojos

Me tocó de este lado de piernas depiladas y Allure de Chanel, muchos años me quise divorciar de ese poder femeneidad que no sé utilizar por lo demás, me patalée las capacidades Cleopatra conquistaimperios, quise ser ellos, y es porque me gustan tanto que los quiero asimilar. Pero soy mujer y así me toca este lado de la falda que campanea al caminar, del pantalón ceñido a la cadera y la invitación al viaje, porque no quiero quedarme en tierra, quiero de los lados de los hombres y de mi propio lado viajar. Añoro esa omnipotencia sexo, ese momento elección o torre de marfil que abre su puertita y es por dentro depravada en su amplitud, un hambre, un fervor, el estado avalancha de la vida que se quiere a mordiscos, el dolor de existir peleado en el placer, la sorpresa del amor la redención, del grito respondido.
Muchos años quise ser ellos y ahora sólo quiero ser yo y yo soy mis olas, mi este lado cintura abarcable pero fiera, mis ojos que me han visto recorrer las carreteras kilométricas de mí misma, mis ojos que siguen viendo sendero adelante, posibles adelante, diversión adelante, y un sol que nace y se pone y vuelve y no se detiene y está tan hambriento de días por venir como yo.

Esto no es la India pero

En el vagón de carga del tren una niña de no más de siete años viaja sentada en el suelo, le va dando el biberón a un bebé que lleva en brazos.
Frente a los edificios y el tranvía de Puerto Madero, el plástico artificial de las intenciones, a la entrada de la villa 31 venden directamente apoyados en el suelo de tierra fiambreras de plástico sin intenciones, zapatos usados, y en un tenderete plantado de cualquier forma, de una nada de palos y toldo, la gente está en un bar.
Al 1600 de Vicente López una señora duerme con sus dos hijos en el escalón de una casapuerta.
Los camareros de cualquier resraurante te aliñan las ensaladas mil veces mejor de lo que podrías hacer tú.
Las raíces de los ombúes se rebelan bajo las plazas.

jueves, octubre 02, 2008

Amor de gato y persona

Calígula se arrepantinga en el sillón en el que siempre me siento a leer, esta tarde me acosté sobre las piedras planas que hay alrededor de la piscina a tomar sol, y él se acostó sobre mi pelo y me lo enredó.

miércoles, octubre 01, 2008

Actitud Buenos Aires

Buenos Aires a veces es un repartidor que en Bolivar te pregunta dónde cae Esmeralda, una casa en alquiler con balcón de piedra. A veces es un bondi que te lleva esas nueve cuadras que ya no puedes caminar, el señor que te vende una gerbera y te pregunta de dónde eres, los cartoneros que te dicen que vayas mejor por otra cuadra, Diagonal Norte desierta de noche, Alcorta al atardecer, los barcos iluminados de Puerto Madero, la música de un cuarteto de cuerda que sale por la boca del subte de Corrientes. Buenos Aires a veces es pasar por delante del San Martín y no necesitar entrar, a veces Buenos Aires es que se desate la tormenta y llueva tanto que te acuerdes de la lluvia en otros cristales, sentada con él y con el gato en el sofá, contentos de no poder salir.

El habitante

Hay un grillito subterráneo que flirtea con tu muerte algunos jueves de luna nueva. Hay un insecto homicida de papel que habita el sótano del terror inventado. Hay un miedo mineral que con alitas heliotrópicas rebusca en tus talones que se quiebre tu cintura. Hay un canto de sirena que es tu propio canto.