jueves, octubre 16, 2008

La imposibilidad no está en las intenciones sino en el sistema psicomotriz

Trasiegas antes de llegar, o quizás trasiegas más al llegar, hay un cliclic continuo de ver y no ver la puerta, o de poder y no poder la puerta. Y luego es recorrer la misma avenida y reconocer los hilos de lana rojo que van uniendo las casapuertas y las gentes, algún letrero, el sentido único que tiene estar presente, que es estar presente, la forma única de vivir, que es estar viviendo. No es fácil, llegar sin llegar, y atreverse, pero es la única manera, ser la reina de mi Asunción o morir en el intento, se lo dije hace un rato a un zaragozano, no puedo volver cabeza gacha, ya estoy aquí, ya estoy siendo cosas y apareciendo en lugares de este lugar, ya Asunción a lo Dinesen tiene una canción que habla de mí. Y no puedo porque yo soy así, porque así lo he decidido e igual que puedo esforzarme París (mejor no pronuncio París porque me dan ganas), puedo esforzarme Paraguay. Y hoy he almorzado en casa de una dentista que va a ser mi madre adoptiva paraguaya, una señora con hija emigrada y tatuaje en el brazo, y ahora tomo café con hielo en una terraza, 35 grados a la sombra, y espero a un director pseudomaldito a lo que él dice, veo pasar a las paraguayas esculpidas en sus vaqueros y caminando imposibles en sus tacones complicados, del brazo de los paraguayos con llavero de Audi en la mano, y hoy no necesité rescate.

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