viernes, octubre 10, 2008

Pasarse todo el día masticando chicle de canela

En Asunción los mangos crecen en las aceras. Parece que cuando maduran nadie recoge la fruta, que cae al suelo y así todo se penetra de olor a pulposidad podrida que resbalará, se mezclará con la tierra roja que hay por todas partes. En Asunción los árboles de mango crecen gigantes sus hojas verde oscuro en las aceras, raíces en el borde, los ves ahora cargados de frutos huevos verdes chiquitos, que crecerán crecerán y podremos recolectar en cualquier esquina, sorbetes robinsón.
En Asunción las calles laterales son de empedrado brasileño, así lo llaman, en realidad son pedruscos enormes sujetos con alguna argamasa, al descuido, tobillos y suspensiones de automóviles abstenerse. En Asunción las calles laterales son de piedra gris y ocre roturada, crecen yerbitas o árboles ficus en los intersticios, y miras a lo lejos y ves las veredas rotas con árboles distintos todos y si te subes a un autobús traqueteas como en diligencia.
En Asunción no sabes cuándo un lugar es recomendable o no, caminas la peor cuadra para luego ver que esa casucha con cartel en la puerta es la Magistratura o el Instituto Nacional de Lengua Guaraní, la franquicia de Rotring o Apple. En Asunción no tengo sistema de referencia, es como si hubiera llegado a Marte o a Buenos Aires o a Wroclaw, los parámetros urbanos se derriten aquí, todo se mezcla en muros desgastados o quintas suntuosas, y la única manera de saber es quedarse a vivir o un guía generoso.
En Asunción golpea el sol si te pones a su alcance, un metro caminado sin sombra es un metro chamuscado. Y si no, llueve amazónicamente y se inundan las calles y no puedes vadear el camino AB. En Asunción hay luz blanca cegadora, amanece a las cinco y media porque tuvieron que cambiar la hora, se levantan tan temprano los paraguayos a la vez toditos que se colapsaban las centrales eléctricas.
En Asunción hay tiendas de alquiler de puffs, los tienen amontonados en la vereda, hay taburetes en polipiel Barcelona lounge, y cosas rosas con Pukas o Bob Esponja, por si alguna vez haces fiesta en una casa vacía y pretendes ser menos in. Si quieres echar una quiniela hay señores viejitos con mesa plegable en algunas esquinas que son las administraciones oficiales de apuestas del estado.

1 comentario:

NIKI dijo...

jajaja, me encantó tu descripción...