sábado, noviembre 15, 2008

Intentos

Hay un hilo entre los días, un hilo que a veces pretendemos cortar, y sin embargo no se puede, persiste la tanza entre un día y dos días y tres días y cien días. Y así se suceden con compás, es como sin que lo supiéramos nos hayamos quedado pasando cuentas, y hace un año que te fuiste y seis meses hace que volviste, y seguimos sin descanso hablando de romper el collar, de andar cada uno otro camino, y sé que cuando dices que no vas a desaparecer es porque pensaste mucho en recibir mis mails, visitar mis casas, presentarme a tus mujeres, y sé que cuando digo que voy a desaparecer es porque si nos vamos y vuelvo a verte querré volver. No sé, a veces yo también me muero de hambre y pienso en una vida París era una fiesta, un fugaz segundo que dura su segundo de hartazgo, pero es cuando me despierto y veo el pi de tu espalda, la razón de mi circunferencia, y pienso en nuestro privilegio y que no hay hambre que no se pueda saciar dentro de este faro, cuando pienso que si se rompe el hilo entre los días no estaremos desayunando más juntos, te acaricio la cabeza y cerrando los ojos no comprendo que sea posible que seamos tan estúpidos. Neuquén, dices. Será Neuquén. Luego dirás Madrid, y será Madrid. Y tú que fuiste cachorro cuando te conocí ahora eres algo muy distinto, algo que tiene un hambre solitaria que sé que no puedo saciar, un hambre loquita igual que mi propia hambre de sola, y recuerdo que siempre, aquel siempre pequeñito que nos embaucó, nos quisimos acompañar en los banquetes comunes y en los banquetes individuales y la vida era una fiesta sin hartazgo artificial. Qué hacemos, niño, y si no hacemos nada y nos quedamos un rato en este fin de semana, porque no podemos perder la partida sin desbaratarnos, porque debe de haber alguna manera aunque no haya ninguna. Yo sólo te quiero, no puedo hacer más, pero tampoco puedo hacer menos.

No hay comentarios: