viernes, noviembre 14, 2008

Las personas se casan y se descasan y se vuelven a casar

Estuve en un aniversario de boda, cuarenta años, Yacht Club, una vista de Buenos Aires como una Manhattan bajita al otro lado del canal, aniversario de personas que saben bailar juntos y quieren celebrar. Estuve en una boda primeriza, el juez de paz era el mismo que hace años me enlazó en judicial matrimonio a mí, Club de golf, una vista de las afueras de Buenos Aires como un Melrose pequeñito, boda de personas que no sé si saben bailar juntos porque en el momento del vals estaba sentada en un banco del jardín mirando las estrellas y dejando que un mosquito me picara el pie. Y no sé, son hombres y mujeres que se embarcan en esa cosa viscosa y fiambrera del coleccionamos basuritas mutuas o en esa cosa emocionante del os juramos que queremos estar juntos contra viento y marea y que un rayo nos parta en dos si mentimos, y son emocionantes las fiestas porque tienes que ir disfrazada como si la vida fuera siempre champán, y a veces viene bien sentirse Scott Fitzgerald unos cuantos días, volver a casa al amanecer con un traje largo en un taxi, quitarse los tacones y los ganchitos del pelo en el ascensor, desmaquillarse los ojos, dejarse caer en un sillón cuando los putos pájaros empiezan su día, acordarse con nostalgia de lo que puede ser desintegrarse en la emoción de estar enamorado.

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