sábado, noviembre 15, 2008

Café de los Angelitos

Café de los Angelitos, con terrones de azúcar y servilletas en las que se pintan muñequitos con mi pluma. Es la una de la mañana y estalla la tormenta. Llueve llueve llueve la lluvia sobre la marquesina de la entrada. Llueves llueves llueves Buenos Aires sobre mí, sobre la tristeza difusa del futuro naufragio, sobre el contento de estar en el Café de los Angelitos un viernes de noviembre, sobre él dibujando su rosa de los vientos frente a mí, sobre el ristretto, sobre la serenidad moriture. Y llueve llueve la lluvia fuerte fuerte sobre los que corren por la avenida Rivadavia vestidos de verano, sobre Calígula que solía arrebujarse a mi lado cuando llovía, sobre la vida que se dibuja de otra manera y de la misma manera, chiquitita y brillante, mía, y para los que quieran, nuestra.

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