miércoles, noviembre 19, 2008

Vaivén

Yo he viajado en el furgón de carga del tren del oeste, sentada en el suelo con Calígula en los brazos, con los ojos cerrados pensando en no pensar más que en el viaje con Calígula como cosa emocionante, con los ojos abiertos observando la bicicleta que colgada del manillar oscilaba pendular, asustada como el gato del ruido desproporcionado del traqueteo. Hemos hecho viajes más largos, Calígula y yo, pero éste nos gustó, nos gustó ver los carteles de las estaciones en otro sesgo distinto desde el suelo, el de Flores bien porteño, nos gustó llegar a Once y que hubiera sol, nos gustó el trayecto del taxi, Viamonte al 2518, no nos importaron las colillas en el suelo, ni el atasco en Mitre, ni el desatino apasionado que son nuestras vidas.

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