jueves, diciembre 18, 2008

Lo que diga la RAE

Me subí al quinto piso de la Biblioteca Nacional a leer mi librito llegado de Nueva York en un sobre acolchado de papel color sobre acolchado de papel, no sé por qué dicen color Manila. Como esto es Buenos Aires los cristales estaban tan sucios que no se veía nada de nada. Me daba igual, me había pasado dos horas en la plaza Vicente López sentada incómodamente y ahora tenía los silloncitos tapizados en verde pinchoso y el sol incidiéndome directo en la página. Porque ayer me comí esa angustia inaprensible que me da en las lunas menguantes, ésa a la que si no la ahogo me despega de las sillas y me lleva a un concesionario a comprarme una 4x4 para hacerme la ruta Alaska-Tierra del Fuego o viceversa, o a convertirme en gusanito zruzrú que no quiere atravesar la manzana. Paseé por un cachito de Buenos Aires para distraerme levemente, fui a Notorius, en la plaza me deje encuestar por una actriz vestida de naranja que no es actriz porque su marido no la deja y está pensando en separarse, así que ahora que lo pienso en realidad la encuesté yo mientras ella me iba preguntando qué pensaba de la gestión de la Presidenta. Y luego como ya dije me fui a la BN a ver si así dejaba de voraginear, en honor al señor que escribió el libro venido de Nueva York debo decir que fue mucho mejor compañía que yo misma, y me curó. Hasta la próxima.

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