domingo, diciembre 14, 2008

Noches

Ayer Diego me llevó a Palermo para salir, pasé por delante del bar donde trabajé cuatro meses de camarera hace muchísimo tiempo, años, en la puerta estaba el mismo segurata o patovica que entonces, más ancho, más hormona. Le di un beso, le pregunté cosas, siempre me acuerdo de cuando en la esquina de Godoy Cruz tenía que esperar de madrugada el 39 congelada de frío y él me miraba atento desde su silla para que no me molestaran los transeúntes de intenciones dudosas. Y fui con Diego a Belushi a una fiesta de cumple, y había una terraza y una luna llena, y gente de noche vestida de noche y actuando gloriosa con ganas de noche, y nos sentamos y hablamos de literatura as usually y quizá poco convenientemente en ese lugar anaranjado, y luego nos levantamos y se dividían las multitudes en dos, invitados a cumpleaños gorditos peculiares entusiasmados, y no invitados a cumpleaños chic o pretendidamente chic y chicas gatos que quieren que los chic las hagan chic o al menos más ricas.
No sé, una vez cada cuatro años es una hermosura visitar el centro de la vida de una esfera, darte cuenta de que sigue habiendo capas que transcurren simultáneas en la ciudad, pero francamente, me gustan más las paradas de autobús y algunas cuadras de Gurruchaga para yirar de noche.

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