sábado, febrero 21, 2009

Cinco semanas


No sé si soy una esteta o una imbécil, porque tengo ganas de llorar y subo al baño del restaurante El Gallego de Tunuyán, el gallego que no es gallego sino de Íllora, y está tan sucio y cochambre que se me pasan las lágrimas y vuelvo a la mesa a comerme mi carne en salsa riquísima (por qué será que en los bares sucios de carretera hacen las mejores carnes en salsa). Afuera llovizna y el hijo del gallego hace cuentas en la mesa de al lado, hablamos de mesa a mesa sobre el calor que hace en Granada en el verano mientras me como las rebanadas de pan mendocino y me trago pragmática las lágrimas.

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