jueves, febrero 05, 2009

Con su camisita y su canesú


Hago muñecas y cuando encuentro a otra persona que también hace muñecas (no sé por qué digo personas, no conozco a ningún hombre que haga muñecas, los títeres no son muñecas, me desvío) y además sus muñecas me gustan, es más sencillo saber que nuestras relaciones van a ser de calidad para exportación (no entiendo por qué siempre dejan los mejores productos para exportar, pero así somos los humanos, me desvío) y la relación en sí también se hermosea, se aliviana como humo azul subiendo subiendo hacia el cielo. Aparecen las muñecas y suspiras aliviada, hay una común unión, como dijo el juez en la boda de Simón y Ana, me desvío. Así, conocí a Alejandra en una cena en su cocina, Gugu y yo llegamos con vino y queso y nos fuimos más felices y hermanadas con las mujeres asalvajadas de la tierra y por supuesto alcoholizadas (os recomiendo el vino chileno, ojalá pudiera dar referencia nominal de alguna de las tres botellas que nos tomamos pero no recuerdo, me desvío). Y Alex me regaló una de sus muñecas LuLú, ésta, porque yo al verla sentí que era mía, y desde entonces duerme al lado de mi almohada y la siento realmente para mí.

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