miércoles, febrero 04, 2009

El mundo de la orilla

Los niños marítimos son iguales en todos los puertos. Rompen las olas y ellos se bañan y le juran a sus madres que los llaman que la próxima ola grande será la última. Bajo a la orilla del Pacífico, sembrada de chiquillería, la corriente de Humboldt congela y asalvaja el mar. La multitud de niños espera afuera del agua a que venga la ola para chillar y correr de cabeza hacia ella; es tan grande que cuando llega al sitio donde se te cubrían los tobillos te cubre hasta los hombros. Me quedo lejos un rato estudiando el mecanismo, intentando descifrar las maneras de esta agua que no es mía. Pero esto también es un océano y yo también fui una niña marítima, así que entro, me sumerjo, me limpio el pecado de ser la única persona mayor de 15 años que se baña, el mar y los niños me aceptan, y aprendo a saltar entre estas olas extranjeras que llegan y se rompen tan distintas a las mías. Y a lo lejos barcos verdaderos gigantes cargados y viajeros, barcos con chimenea y sin velas, barcos oceánicos.

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