domingo, febrero 01, 2009

Hombres en mangas de camisa


Puede que sea por la intoxicación juvenil de cine, puede que en general a la humanidad ciertos momentos se le guarden en imágenes, momentos que al evocarlos se vuelven fotogramas o recortes de revista. Tuyos, querido, tengo a montones, pero ahora en este autobús que me lleva de Santiago a Valparaíso quisiera evocar dos. El primero de noviembre del 2004, tú de espaldas a mí, cara al Cantábrico, al lado del Peine del Viento, con las manos metidas en los bolsillos de aquel abrigo. Y el segundo es de ahora, enero del 2009, tú de espaldas a mí, metido en el Gutiérrez hasta la cintura, con la camisa blanca de cuello Mao que tan poco, equivocadamente a mi entender, perdona que te diga, te pones, arrojando las cenizas de Gustavo al lago, con el cerro Catedral enfrente. Y no eras mío ninguna de las dos veces, y, de hecho, ninguno de esos dos fotogramas vistos desde tu cámara me pertenece. Contemplabas tus vidas sucesivas y yo te contemplaba contemplar, y al mismo tiempo contemplaba mi propio Cantábrico, mi propio Gutiérrez, mis propias vidas sucesivas. Sentiste mi mirada, estoy segura, pero me gustaría tanto, tanto, conocer que en tu memoria también existen imágenes mías, fotogramas chiquititos de tu contemplación de mí.

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