martes, febrero 10, 2009

La Unión Chica


Estoy en el Café Bar La Unión, todo con mayúsculas, que se conoce en Santiago como la Unión Chica, porque está al ladito del Club La Unión. Parece que aquí venía la flor y nata de la literatura chilena de los 70. No sé si cuando la gente es de izquierdas se puede usar con ellos la expresión flor y nata, digamos más bien la интеллигенция. Tienen una foto de Jorge Teillier al lado de la puerta. Hace unos años hicieron una recopilación con textos de los que pasaban por aquí que se titula Vagabundos de la nada y que vamos a leer. Me senté un rato con los dos camareros viejitos en sus sillas de descanso a charlotear y luego me decidí y entré en el salón; el camarero con los tres bolígrafos Bic azules en el bolsillo de la chaqueta blanca me acompañó a una mesa de mantel rojo de crepé de algodón muy grueso, y me retiró la silla. Hay sólo hombres en el bar. Pido té con limón y me traen una taza enorme rebosando y dos limones cortados por la mitad en un platito. Aquí estoy bien: los manteles tienen quemaduras de cigarrillos, la taza y los dos platos son de juegos diferentes, las paredes son de ladrillo visto pintado con un barniz oscuro, las sillas de madera son pesadas y cómodas. Respiro. Respiro después de caminar por el centro de Santiago varias horas, esperando encontrar un lugarcito para quedarme. Volví al Precolombino hoy pero sólo para sentarme en un banco del patio, porque es como los patios de los sitios donde crecí, el colegio San Agustín, Bellas Artes donde iba a clases de solfeo, el Hospital de Micaela Aramburu, el típico patio cuadrado descubierto con columnas y galería alrededor y puertas que dan a esa galería, y en el spleen o esplín del viaje te da por refugiarte en esos remites. Pero aquí estoy mejor, en la Unión Chica, protegida por el camarero y los agujeros del mantel y el azucarero enorme para mí sola.

No hay comentarios: