miércoles, febrero 11, 2009

Le hizo ¡crack! ¡crack! el hueso al final

Por fin caí. En un recodito fácil del camino, caí. Hemos incubado concienzudamente un huevito dolor, nos hemos asombrado de que no eclosionaba sa robe de pourpre au soleil, y aquí está, plumífero y cruel, presumiendo de su talento pico en mis ojos. Pienso en las vastas extensiones de tierra americana a mis pies. Pienso en trayectos, en rutas, en horas miradas por la ventanilla, en la Cruz del Sur, en los compañeros raros de viaje. El pollito maléfico me tutea, y me quiebra varios fémures. Y tú dónde estás. Y tú que desde donde estás me caminas la ceniza. Y tú que desde no estás no vienes a estar conmigo, tú que desde donde estás no me llamas a tu lado.
El pollito se señorea, porque sabe que puede, recorre a caballo mis bañados. Yo lo crié, para esto, para que me matara un poco un día miércoles como hoy, para que fuera mi traspié y mi artefacto asesino. Me dicen que estaré mejor. Francamente, me cuesta considerar otra posibilidad, porque si se afila más las garritas este bicharraco, me mata.

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