miércoles, febrero 25, 2009

Operarse, atreverse, estar furiosa

Una se tumba y se encama con el cirujano y el anestesista porque cuando le dijeron hay que cortar, o no, quizá, podemos esperar, supo que hay decisiones que no hay que tomar porque vienen sin el precio. Lo que hace daño hay que arrancarlo y tirarlo a la basura, aunque invade tan fácilmente la fiaca, ese estupor de saber que te van a pinchar, cortar, remendar, ese sentimiento impotencia tan raro de verte cosida y desamparada, cuerpo, carne que puede venderse al peso shylock, que durante cinco segundos te piensas si seguir un rato más con el bicho anidado dentro y usarlo para tenerte lástima y arrastrar cadenas lastimeras por el planeta. La enfermedad viene del alma y te trastea el alma, es inútil rabiar por tenerla y es más inútil aún culparse por crearla. Hay sólo que matar al monstruo y empezar limpia de nuevo, desintoxicarse, dejarse cuidar, que nos abotononen las blusas y nos cepillen el pelo, saber que el dolor va a doler, pero saber también que el dolor va a pasar, luego la cicatriz será medalla del logro fortaleza. No quiero estar enferma así nunca más, no quiero que nunca más me alcance el daño, no quiero nunca más que me tengan que sacar cosas feas de dentro.

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