martes, febrero 03, 2009

Otra ciudad


Valparíso es puerto, huele a sal y las gaviotas chillan, hay mercado de pescado, hay barcos, hay brisa marina, hay marineros, hay trasiego de hombres que se marchan lejos, hay mujeres maravillosas alegres de quedarse juntas cuando esos hombres parten. Hay cerros a los que se sube por escalerillas empinadas, rotas, sucias. Hay barrios vividos y botillerías, tienditas, plazas con palmeras, calaminas oxidadas o con su pintura deslavada por el sol cubren las paredes de las casas, aunque se siente ya ese síndrome tupperware del Barrio Gótico y de San Telmo en el cerro Concepción, en esos colorinches de paleta titanlux y en esos restaurancitos fusión adornados con lo que en sus tiempos fueron bombillas de navidad y ahora son luces de diseño. Valparaíso, puerto de promisión antes de que se inventara el salitre artificial, puerto de perversión a partir de entonces, ahora es una ciudad caos delicia desordenada que se bebe el viento tumbada al sol.

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