jueves, febrero 19, 2009

Valparaíso abandonado


Mi última noche porteña es cena no cenada en el bar de la croata y termómetro hasta el 40. Para calmarme me canto agudo y flojito Il bianco e dolce cigno de Arcadelt, el Sicut cervus de Palestrina, los O magnum mysterium y O vos omnes de Victoria, y Chantal aunque piensa que estoy delirando me trae infusiones y tostaditas con queso y miel, pañitos de agua fría. Parto al amanecer camino a Mendoza, ardiendo con la maleta a cuestas y el anillo en el dedo (me lo tengo que poner siempre para viajar). Atravieso de nuevo las montañas que se deshacen chocolate en los ríos y en el autobús no se escuchan los chillidos de las gaviotas ni el ruido de mi fiebre a borbotones. Valparaíso mi puerto seguro ha sido, esperando que zarpe mi barco pasé tres semanas. Ahora tendré que confiar en que si llega mi barco me esperará a que vuelva para zarpar o irá a buscarme a otros puertos. Ahora tendré que confiar en la fortaleza de esta porfía de no dejarme intoxicar más y ahuecar de su significado tantas cosas para que dejen de ser catástrofes humanas y se crezcan nuevos momentos por dentro las palabras, los túneles, otros besos, las canciones del All things must pass.

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