domingo, febrero 08, 2009

Yéndome


Me entraron ganas de seguir viaje. Después de esta noche de insomnio que he ocupado en leer entrevistas a escritores argentinos (no me los puedo tomar en serio, leo las preguntas y las respuestas que les hacen a Aira o a Fogwill y me parece que están choteándose, nadie en su sano juicio puede mantener esas conversaciones vacuas pretendiendo que además lo suyo no es vacuidad sino fatuidad) y en trazar algún itinerario pausible, me parece que parto, que dejo esta ciudad cuna arrorró y me mando a la vorágine. Es imposible sentir temor ni sentirse pionera cuando cada tramo del terreno está registrado en fotos, en blogs, en foros por trescientos millones de turistas poco intrépidos. Estoy así incisiva y maléfica porque quiero dormir y no puedo.

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