lunes, marzo 09, 2009

Arenales y Riobamba


Mi voz es cantar, es asomarme a la noche y prestar mi voz a un dolor para que en vez de crecerse en mi barriga hasta alcanzarme hiedra el corazón se crezca en la nocturnidad para el sentimiento de los que duermen. Mis equivocaciones son el encierro, la palabra, el fango del recuerdo. Mi voz es cantar, el fin de la convalescencia, la semana que empieza mañana, última semana completa en Buenos Aires. La mano que me suelta es la tuya, la misma que me peinó, la misma que me ayudó a cruzar la calle, la misma que me pasó el mate y me apartó el pelo de la cara. La mano de la que me suelto es la tuya, la misma que busqué tantas veces, la misma que conozco, la mano tuya. Nos hemos ido el uno del otro, y la pena ahora es una canción que se puede cantar para que no nos duela. No te podía dejar ir antes de reencontrar mi voz.

1 comentario:

Verborrágica dijo...

Triste y necesario aprender a dejar ir. Hoy le prestaste voz a mi dolor también. Saludos.