sábado, marzo 21, 2009

El monstruo antiguo modernizado


Cuando te conocí, cuando mi amado me llevó a tu casa, te temí, porque eras monstruo y eras tortura, eras capaz de daño, y mirabas lo que yo más quería con la codicia con que la mujer barbuda mira al domador de caballos. Aún así te canté un tango en tu balcón mientras empezaba a llover en la primavera porteña de hace casi cinco años porque te vi chiquito en tu pueblo, sucio de barro y solo en la infancia, porque reconocí en tus lanzas sangrientas la soledad del que sufrió mucho y se convirtió en alimaña. Abandonaste tu gata, grácilmente, como quien no quiere más una camiseta que antes nunca se quitaba, como un torito de pasta de sal que llevase en una estantería cuatro años. Ahora sufres por ese abandono, y así a mis ojos aunque sigues siendo aquél de pies retruécanos, entiendo más, te veo más, te veo equivalente a ese monstruo que se pasea por los pasillos de cierta casa con un mechón de pelo cayéndole sobre la frente y bufando atacante su dolor. Lucho denostadamente contra vuestro método. Es tanto mejor el amor...

1 comentario:

Curro dijo...

Que si el de dentro,
que si el de fuera,
el de los pies
o el del mechón.
Todos el mismo,
ningún derecho
al cajón
de los deshechos.