miércoles, marzo 11, 2009

Llueve en Buenos Aires


Me tumbo con cuidado de no maltratar mi cicatriz recién estrenada en el puf blanco para ver el diluvio sobre las baldosas rojas de la terraza. Calígula se sube en mi espalda y me muerde el pelo. He visto pasar tres estaciones en esta casa que no es mía pero es el refugio de mi gato. Mucha de nuestra biografía última entre estas paredes, broncas, llantos, decisiones, mates, rupturas, la lavadora que fue nuestra y la mesa de tapa azul que usábamos para desayunar en Yrigoyen. Pero ahora que Calígula juega con mi pelo recuerdo más las alegrías de reencontrarlo cada vez que he vuelto del extranjero, el amor de mi amiga Patricia, la noche que releí La señorita Cora. Diluvia en Buenos Aires y así no llueve en Europa. Recuerdo el sol del mes pasado en la terraza. Recordaré cuando esté lejos esta tarde. Yo me tengo que estar bien.

1 comentario:

bororita dijo...

Shiquilla, te sigo leyendo entre DQ y DQ pero ya no puedo leer el correo intervenido desde la oficina... En fin, vente para España: ¿tienes dónde quedarte?
Besos, deine

Bororita