domingo, marzo 08, 2009

Mujeres presuicidas


Hay dos mundos simultáneos, un mundo en el que por el Nilo bajan las barcas y en China una señora limpia un mueble lacado con una gamuza, y otro mundo en el que el desvarío te nubla un ojo y el otro ojo. Hay un mundo ser y hay un mundo morir. Hay un mundo elegir y un mundo deselegir. Hay un mundo miedo y hay un mundo posibilidad, hay un mundo sabiduría y hay un mundo indulgencia. En el mundo ciego todo se confunde, no hay tictac, hay mermelada de tiempo, se pudren las luces, se exalta la moderación. En el mundo que transcurre el camino se anda siendo andado y la flor saudade crece ordenadamente en su costado sin embarullar el paso caminante. Hay mujeres que cruzaron el umbral desde la cordura hasta esa promesa falsaria de tranquilidad, hasta el colmillo de esa serpiente que zalamera te bisbisea que no importa si lo haces hoy o mañana porque no importa nada que estés o no estés. Hay mujeres que descruzaron el umbral desde ese infierno calmoso hasta esta promesa cierta de dolor. Hay mujeres que me cuentan que la puerta a tu espalda se cierra dependiendo del lado donde estés. Hay mujeres que intentaron salvarse de estos pantanos voces, de estas noches malvividas, de este desnorte avieso desapareciendo en una nada de pastillas. Luego estoy yo que sólo quiero borrar ese cachito de tiempo que se me fue en odiarme monstruo, y seguir brillante, hasta que desfallezca, viva.

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