miércoles, abril 29, 2009

La apoteosis del churro (2 y 3)

Ahora que me dan alergia los guapos se me emplazan delante en el metro, y los asisto escalpelo en mano, sin piedad pero con asombro por la capacidad de la naturaleza para crear belleza, en el color fucsia o morado o celeste de las flores, y en las muñecas y mandíbulas y tabiques nasales de estos muchachos incómodos en sus nucas, despeinados pretendidamentes peinados, cuyos dedos, y los observo ad nauseam, igual que ellos a mí, de frente en el vagón, en escorzo caminándome en las escaleras mecánicas, estudiados en su estilo y su descuido, elegidos, merecedores de un poema de Kavafis y de notitas que se dejan caer, a veces atrevidos en su sonrisa y otras desesperadamente narcisos. Pero la belleza es su desventaja y su mordaza, así que después de medirlos los dejo ir, sin poema, sin nota, sin arrebato, sin cólera, limpios intocados por mi escalpelo y por mí. Ahora toca que me miren a mí.

lunes, abril 27, 2009

Planetario-Legazpi

El poeta viejo y cojo con bufanda roja reparte sus poemas fotocopiados por el vagón. Yo leo este verso: la luna yela tu noche. Lo veo salir derrotado con su muleta y su traje de chaqueta gris por una puerta mientras yo salgo por la otra. Lo veo alejarse por el andén y me dan ganas de ir a buscarlo, agarrarle del brazo, hacerle saber que sé que existe, que sé que la luna yela sus noches.

Cruzar el puente


Me siento en el suelo mojado y hago esta foto. El verde bronce de las lucarnas me recuerda muchos tránsitos, y me guiña desde Luxemburgo y Metz de paso, desde Cracovia. Y yo cruzo por la extensión césped y sé que me espera la noche del sentimiento, hoy, porque pese a todos los paréntesis que se abren para cerrarse, los paréntesis que se cierran y se cierran herméticos, los paréntesis de seis días, siempre una noche nace la vulnerabilidad en los que se tocan aunque sea entre paréntesis. Y por eso cruzo uno de los Golden Jubilee Bridges desde South Bank hasta Embankment. Y llueve, y no hay nadie, y me mojo, y me importa un carajo, porque sé que me estás esperando. Al otro lado.

sábado, abril 25, 2009

Canary Wharf vs Puerto Madero


Es la misma historia: puerto abandonado, zona sin valor, arquitectos que en tiempo récord cemento y cristal y sushi. Huelga decir que al igual que cuando me subo a un autóbús inglés y me acuerdo de los bondis porteños, el centro financiero londinense ahoga en peso específico a esa mini Manhattan que empieza donde termina Retiro, ahí donde Buenos Aires se ofrece escaparate barrio rojo mientras Londres sólo es él mismo, si acaso te mira por encima de su periódico. Pero qué bonito era mirarte, Buenos Aires, desde el otro lado del canal, yo vestida de fiesta y de tacón y tú de principios de verano y noche. Qué bonito fue cruzar el puente blanco la primera vez, aún de su mano, y bailar con él en medio de la gente sobre la vereda recién vomitada de cemento. A veces Buenos Aires tus ansias de mostrarte eran parecidas a las mías, y te entendí, fui a mirarte a tus esquinas, me dejé violar por tu salvaje impotencia. Muchas veces nos encontramos, ciudad porteña, tú lo sabes, le hablé a tus chóferes de vos a vos, pero ahora soy más de Londres, que no me viola sino que me abre la puerta para que yo pase primero, y no necesita exhibirse y me encuentra y yo no tengo que buscarlo. Lo miro y es otra su presencia, más correcta, menos abrumadora, más paz, más chofer que me habla de su excelencia, más aplastante y franca su seguridad. Menos mío Londres pero yo más suya, sólo porque Londres sí que me reclama como suya.

viernes, abril 24, 2009

El Globo al ladito de la Tate


Lo blanco. La palabra. El gesto. El escenario. Expresar. Es eso, ¿no? Expresar. Una lucha congénita y Lacoonte pero felicidad por expresar, por ajustarse H.P. Grice pero saltar las vallas hasta llegar al cachito expresión this is what I meant. Y al lado del Globo la central eléctrica. El color. Otro gesto. El lienzo. Imprimir. Es eso, ¿no? Imprimir, imprimir la expresión. Otra lucha más Saturno pero alegría por llevar la línea, atreverse Vlaminck hasta llegar al cachito alto x ancho voilà ce que je voulais dire. Yo me siento y los miro, al blanco y al color, y me pregunto quién me estará mirando a mí.

Saint Martin in the fields


Y es ahora sin más que me sale un llanto que respiro. Porque estoy sentada en Saint Martin in the fields mientras suenan los Bradenburgos (y es asistir a la música que se conoce como un reposo o un regreso o un enfundarse en los vaqueros viejos favoritos), con los hombros muy desnudos gracias al vestido morado y los pendientes de amatistas brillando entre el pelo semirrecogido y no sé por qué me sigue dando esa melancolía. Postrera. Una melancolía vieja que ya nos ha rondado, una melancolía viaje que ya nos ha escupido a la cara antes, en varios países, la última vez en el verano bonaerense sin que nadie nos diera la mano para cruzar Pueyrredón. Y esa nostalgia era somos Barcelona y esas ganas de estar viva que él me concedió, aunque seguramente yo las llevaba dentro dormiditas, porque me abrió la puerta de su casa y fue a buscarme a la estación, y cuando otro me abre la puerta de su casa y va a buscarme a la estación reconozco la pauta del comienzo pero no reconozco ningún comienzo. Tú que no estás más en mi cielo y sin embargo mi vida se construye a pesar de ti. Miro y respiro hondo estar siendo yo, que sea tan fácil venir a Londres como coger un avión, que sea tan fácil que me den la mano para cruzar todas las calles, reconocerme tranquila en esta música, y es por eso que tengo que llorarte ahora o nunca, al recordar tu desfachatez, al saber que ni siquiera mi soledad de ti es ya tuya.

La voix humaine

Porque es un vehículo la voz, y más si no te acuerdas y vuelves a oír una voz que habías guardado en una cajita de tesoros, y tienes una cajita diferente hecha de material diferente y con forma diferente para cada voz. Escucho el acento y la inflexión de la voz de José Juan después de catorce años, y se me abren las compuertas y las puertas correderas y los cortinajes de una memoria, avive el seso y despierte, y son las horas frente a esa voz, son amor y dolor de otro tiempo frente a esa voz, y son otras voces que ahora me visitan y me vienen en momentos Gloria Valis diciéndome qué hermoso, Alejandro olhos nos olhos en su terraza diciéndome no te inmoles, la voz de María Elsa reclamándome para su familia, la voz de mi madre al otro lado del teléfono siendo un besito mi niña, el ratita de papá, una voz que era tuya diciéndome diciéndome hasta el hartazgo, una voz que fue tuya preguntándome cosas y queriendo tenerme cerca, las voces de mis abuelos y las voces de todos mis amigos, mis hermanos dos, pequeños, guardados en cintas, Rodrigo cantando Libera me domine, mi sobrina jugando con su voz a tita morite. Y es mi voz, también, que me llega eco en lo que es ahora, tantas aguas rolaram, en mi risa, y en lo que fue, rota, una tarde en Bariloche.

Cuatro cuadros de Ingres

Con los cuadros me pasa como con las musiquitas, como con algunos trocitos de libro, hay algunos que son míos, los he habitado, y al volver, estoy volviendo a un lugar que sostiene mi canción mientras yo no estoy. Los blancos de Utrillo, los trazos azules de Gauguin y los azules que hacen pupa de de Staël, la mirada Picasso cuando Picasso ve, Velázquez sin terminar, Degas, Toulousse-Lautrec, Grösz, Cranach, Rembrandt y Schiele cuando dibujan, las sombras Delacroix, el abismo Balthus. Pero Ingres y su amor por lo que se ve, su perspectiva cambemba y tiro porque me toca, the flesh, los pasillos corridos en el Louvre o en la National Gallery sólo para llegar, siempre, a él, son un camino a casa, a mi casa, a mi amor por lo que se ve.

miércoles, abril 22, 2009

Harmsworth o viajar sola

No sé cómo sería el mundo para mí si tuviera que compartir mis viajes en toda su extensión. Porque entre las vidas sociales que amo tengo mis paseos y el picnic que invariable compro en los supermercados del planeta para llevarme a los parques y a las plazas, mi picnic secreto que sólo yo conozco. Ahora en el Geraldine Mary Harmsworth Park (Harmsworth, menudo nombre), mordisqueo entre el césped inglés con el sol asombroso para estas latitudes en la cara, y me doy cuenta del gusto extraño que he desarrollado por andar sola, y de que lo he refinado hasta un extremo de su extremo, hasta las cafeterías y otros bancos que no son éste desde donde he mirado a la gente vestida de traje out to lunch, hasta mis muchas formas distintas de caminar según el barrio y la canción que tarareo, hasta las barandillas y los puentes en los que pienso cosas que no puedo escribir como ¿cómo se me ocurre embarcarme en esto?, ¿cómo se me ocurre embarcarme en mi propia vida?, ¿tan muerta estoy? Aunque anoche me apoyé en la barandilla que da al meandro del río y no estaba sola y me dejé besar, y me apoyé en la barandilla del río y me dejé besar. Y besé, que es aún mejor. Y tengo tanto rato luego para estar luego, sentada en otro banco frente al Támesis pero fuera del meandro, sentada junto a una chica guapa vestida rara y con una pluma de pavo real en el pelo que también escribe en su cuadernito, como yo, y ver que estoy en Londres, sólo eso, que ocupo más espacio, sólo eso, que me alimento el espíritu a ver si me crece un espíritu, que hago como si estuviera viva, sólo eso, después de cruzar el Cabo de Hornos y el de Buenaesperanza me arrimo a las costas de Chipre. Y viajo sola pero al menos me dejo espacio para ser otra cosa y le dejo espacio a los otros para que me vean ser otra cosa, y me despierten ser otra cosa. Sólo eso.

The four-chambered heart

Hay un cuentito que quiero contar, se llama Loulou mordiéndose el labio cuando se ve, se llama Loulou estando contenta de ser quien es, se llama Loulou sin miedo a que le crezca un monstruíto dentro, porque aquel monstruíto era sólo un hambre no saciada, un hambre que ya se ha muerto y se han llevado under los undertakers. Ahora la vida es otra cosa porque me puedo mirar al espejo sin horror, o sin miedo más bien, ahora compito con la luz por ser la luz. Y sé que soy exigente hasta la excelencia y que en esa escollera mía se rompen irremediablemente muchas intenciones, pero también sé que soy pequeñita y que quiero estar viva y no quiero desaparecer, y soy un farito dentro, soy cinco corazones dentro y una co-razón, soy yo, y no soy implacable sino placable, porque a mí también están las zanjas esperándome, mis propias desindulgencias. Vengan, chicas, les tiraré del pelo tal y como corresponde, acataré las caídas pero volveré, boquearé un rato fuera del agua pero volveré, delante suya subiré las escaleras para que me miren por detrás, las conmoveré para que me dejen pasar, seré el ozono en mi propio planeta, en mi propia vida, me mato la boa constrictor y la arena movediza, la deriva a la que me consagré la excelencia.

Bajo tierra

En la estación de metro de London Bridge al pie de unas escaleras me encuentro una púa de guitarra en el suelo, bastante buena. Me la guardo en el bolso y me siento protegida, como si llevara un amuleto. Al entrar en uno de los pasillos escucho una música que parece de sitar, hindú, pero no es, es un viejito inglés que toca un blues historiado y magnífico con los ojos cerrados; cuando paso por delante los abre y me sonríe de tal manera que le tengo que regalar la púa que encontré.

martes, abril 21, 2009

Ablata causa tollitur effectus


Anoche en Madrid estaba bajo el Finca Flichman Syrah y eso es estar debajo de mucho, es el primer vino argentino que probé en la vida, hace ya unos cuantos años. No me pongo nostálgica, es que estoy en Soho Square y el sol me incide en la cara, me lo veo refulgir en el pelo. ¡Sol en Londres! Llevo medias moradas y camiseta malva y bufanda turquesa, aros de plata, los aros de la trifulca. Y no me pongo nostálgica, es que la plaza está llena de gente sentada en el césped con su comida hindú y japonesa y china y su vino blanco bebido en vasos de plástico y su rayito de sol, y es hermoso este sol, y asombroso tanto hiyab, asquerosa tanta paloma, tumultuosos los miembros del tercer sexo, desolador que mis botas estén tan destrozadas que quizá no sigan viaje conmigo, después de caminar por ahí por otros países mis países conmigo. Y estoy en el Soho y toda la decodificación de los paisajes viene en palabras, y va sola, sin máquina Geheimschreiber T52D, sin documentos, sin pertinencia. Vivo en estos días de viaje que se alargan desde hace meses en meses de viaje sin que tengan nombre, yo les pongo un nombre distinto a cada uno, un nombre y una ciudad, y es aparentemente como si hubiera salido esqueleto reluciente de un festín de hormigas (mi cuerpo huntado con melaza). Agradezco estar tan loca como para haber venido a Londres y así ahora sentarme en este banco de madera desde el que escribo para mi posteridad. Me conmueve esta vida que es como una iluminación de navidad un 9 de diciembre.

Les choses

Me desprendo. Me desprendo pero me afecta llegar a cada casa que llego y ver las cosas que fueron mías, desperdigadas por el planeta y las casas de mis amigos, metralla repartida en la onda expansiva de mis mudanzas. Me afecta y me vuelve el afecto por esas cosas que tenían su lugar en mis casas y en mis vidas, y pienso en el lugar afectivo que tienen ahora para otros en sus casas y en sus vidas. Los interruptores de mis lámparas los encienden y apagan otros. La frescura de mis sábanas las tienden y destienden otros. Las bisagras de mis cajas las abren y cierran otros, son sus manos las que sujetan mis paraguas, sus conversaciones las que nacen y tienen lugar en mis sofás, en mis sillones, sus pies se suben en mis taburetes. Acaricio la superficie de mis antiguas cosas y me desprendo como ya antes me desprendí. Espero instalarme para crear lazos nuevos con otras cosas y recuperar lazos viejos con las que guardo en cajas de cartón diversas y me esperan calladitas a que las saque de sus envolturas.

La celda de Juana la loca

Yo no duermo y escribo en este cuartito chiquitito iluminado por una lámpara de pie que fue mía y tuve en Aduana al lado del faro que pintamos Elena y yo en la pared el día de mi 32 cumpleaños. Este cuarto se llama ya la celda de Juana la loca, se cierra con una puerta corredera que está sujeta al dintel con dos rueditas y no llega mucho al suelo, viejísima, no pintada de blanco. Y yo soy transparente. Y todo es falaz. Y aunque todo en mí parecen arrebatos pasionales y lo son no lo son. Y aunque todo en mí es sensato y racional y no lo es, no lo parece. Y Madrid es gay. Y nunca como ahora fui consciente de quién soy, soy quien siempre fui, y quizá sí que sea un poco loca o al menos lo parezca, y ésta sea mi celdita para estar, un cuartito del que puedo salir y entrar cuando quiera, en Lavapiés.

Tánger, la flor del lirio real


Nos sentamos en un sofá tapizado con una tela de rayas que nos encanta. Afuera llueve a mares, estamos empapadas. El pañuelo que me puse en la cabeza deja charquito ante mis pies. El vendedor número uno nos habla en español mientras su ayudante nos va sacando kilims y alfombras y jarapas y tapices. El vendedor número uno lleva un gorro como de estibador y barba blanca muy bien recortada, a mí me cae bien enseguida. Dice que los nómades del desierto no saben ni leer ni escribir y que los dibujos que tejen en las alfombras sin embargo los sacan todos de su cabeza, el sin embargo me conturba así que me pongo a charlotear con él, animada como urraca ante la cueva de Alí-Babá. Él me pregunta de dónde soy y no sé por qué extraña razón la vecindad le despierta un amor por la copla que debería llevar dormido desde los tiempos del protectorado y me canta un trozo de María de la O. Como francamente me divierto allí entre las alfombras, cuando él me alaba los ojos y me tararea Ojos verdes me pongo a cantarla con él, mientras Montaña en el sofá no sé si se ríe o no se lo puede creer, y el otro señor sigue desplegando tapices frente a nosotras y dejándolos en el suelo. Me gusta una colcha, morada y malva y aunque es obvio que no la voy a comprar y que estamos allí porque afuera llueve, el estibador/vendedor y yo jugamos tácitos a que sí y a regatear un rato y medirnos hasta dónde llega cada uno. Ganamos los dos. Luego Montaña y yo nos intentamos ir y en el soportal de la tienda como despedida él y yo nos cantamos Campanera.

Tres canciones de Elliott Smith

Camino por Madrid. Qué más decir. Lavapiés, Tirso, Espoz y Mina. Cruzo las calles, camino a paso de bota y medias azules y pelo recogido y manos metidas en los bolsillos del abrigo, y levanto la cara hacia el sol en el semáforo de Paseo del Prado, cierro los ojos, respiro de una manera que no es respirar este ácido carbónico infecto, es respirar en otro sitio este sitio, es la sonrisa estar en Madrid, equivalente a la sonrisa de escuchar un buen estribillo que te conoces más que de memoria. Y camino a un ritmo que encontré sólo para mí, y que es el ritmo de mi vida, la vida que sólo yo he vivido y nadie más que yo puede vivir.

viernes, abril 17, 2009

La llamarada divina del idioma

Overrated, he oído por ahí, que están las aptitudes lingüísticas. Cada uno le da puntos a lo que quiere, y yo, sin duda, tal y como me han acusado en repetidas ocasiones, soy una yonqui de la palabrería y de la capacidad de expresar sentidos completos en frases, sean cuales fueren esos sentidos y esas frases. Necesito saber que nado en ese océano inmenso que es el pensamiento con la posibilidad de ir para donde me da la gana, palabra en ristre, y que no nado sola. El lenguaje es el único medio porque es el único vehículo, y el que diga que existe un pensamiento abstracto sin palabras, que lea a Wittgenstein o venga a demostrármelo si tiene cojones. No en vano enviaron al espíritu santo para que esa gente antigua adquiriera el don de la palabra. ¿Y, aparte de eso? Me reencuentro con mis amigos en el idioma, por ejemplo, calambures y pamplinas varias de la gaditanería. Escucho el habla Bernarda Alba de mi madre, con sus inflexiones jerezanas, atiendo a la serranía que emerge de las palabras de mi padre, de cuando en vez. Me llegan los ecos chilenos, argentinos, franceses, por el mail, y con cada persona que conozco hay una complicidad entre las complicidades que reside en las palabras dichas, en frasecitas que marcaron nuestras historias. Farfullo con mis hermanos en lenguaje familiar, le digo a Calígula de vos. Saco libros del estante y me acuerdo de los versos. Pero sin duda lo que prefiero aunque también prefiero las otras cosas, es encontrarme regalitos oraciones, envueltos en celofán por otras manos, para mí y sólo para mí, para mí sola.

jueves, abril 16, 2009

Buenos Aires revisited


Nadie puede decir que conoce realmente Buenos Aires si no la ha caminado largamente de noche. Conocer de conocer; casi diría: en el sentido bíblico. Porque conocer Buenos Aires no es memorizar sus avenidas, la mano de sus calles, el recorrido de sus colectivos. Así como nadie conoce a una mujer porque sepa que tiene treinta y dos dientes, dos piernas, cinco dedos en cada mano. Ningún hombre sabe nada de una mujer si no la miró dormir. Ese acto religioso y absolutamente incompartible, el de mirar a mansalva la cara de una mujer que se nos quedó dormida, mirarla hasta sentir miedo, es el verdadero acto de amor. Nadie puede saber si ama, si no miró a su mujer así. Cualquiera puede saber que ya no ama cuando no soporta esta contemplación. Contemplación, ahí encontré la palabra: no hay como ponerse a escribir para comprender qué es lo que se quiere decir. Contemplación es una palabra sagrada. Cualquiera mira, ve u observa, pero no a cualquiera le está dado alcanzar la contemplación de algo. Y la contemplación de Buenos Aires sólo es posible de noche. Durante el día es apenas una de las cuatro o cinco grandes capitales del mundo, vale decir, un apelmazamiento de ómnibus, empleados, vendedores de máquinas pelapapas y tirabuzones que cortan vidrio, un mazacote. Como cualquier gran capital del mundo, durante el día es una vasta cámara de gas en la que millones de seres tratan de sobrevivir sin importarles mucho de qué modo. Pero, por fin, a pesar de las vidrieras, a pesar de los tubos fluorescentes, a pesar de toda esa estrategia de la luz que los hombres han inventado para ahuyentarse a sí mismos, por fin hay una hora incomparable en que ya es de noche en Buenos Aires.

De San Fernando a Cádiz voy caminando


Bajo con mi padre y mi hermano por la calle Cruces hasta la calle Ganado. Puede hacer ocho años que no paso por estos sitios, y ahora, aunque sean mi casa, los miro con ojos de extranjera, lo mismo que cuando en autobús desde Tarifa, en tren desde Puerto Real o Lebrija veo la campiña, las lomas plantadas de verde, un campo tan hermoso que me recuerda a Lobería, tan cerca del mar como esto. Con la frente apoyada en todos los cristales de los transportes del consorcio bahía de Cádiz recuerdo el trayecto Pont à Mousson-Nancy que hacía todos los lunes, el Tilburg-Rijen que hacía todos los días, la carretera de Bariloche a El Bolsón.
Ahora que estoy aquí en mis antiguas calles y paso por delante de la confitería La Merced y recuerdo haberme olvidado de los cafés y los donuts que me tomé ahí dentro, me encuentro con Lupi en la esquina de la placilla, veo con otros ojos los edificios de aquí, encalados y con las esquinas y los soportales y los remates hechos con esa piedra de aquí, bien bodegueros, las casas bajas con patios de vecinos, los palacios enormes de la calle Larga, los naranjos en las aceras, la plaza Peral tan distinta de la plaza de albero que yo conocí, me doy cuenta de que a lo mejor no haría falta viajar tanto.

Save a little room for me

Hay tictacs del reloj que te retienen el corazón hasta después de su antes, los conozco, hay uno que yo me sé y espero que aparezca. Hay tictacs del reloj que te apremian al rush, porque se van. Hay otros que te marcan el ritmo del respirar y van tranquilos sin prisa en su felicidad. Y está éste, que pasa de todo porque está seguro plantado en sus horarios de tren, en su puntualidad inglesa, en su miércoles 22. A las nueve.

miércoles, abril 15, 2009

Oído en el tren

El dibujo es de Crist

Yo trabajo en la noche. Yo soy un puto portero. ¿Qué mujer se va a fiar de salir con un puto portero? Porque tenemos una fama... La vida es compleja, la vida es complicada. Yo trabajo en la noche desde hace doce años, y la noche apesta, la noche es porquería. El 80% de la calle da asco, la calle da pena, en la calle no hay nada bueno, niñatas nada más. Qué vas a encontrar en mi puta calle, en mi puta vida, en mi puta historia. Yo he visto morirse a mi madre, y a mí ya todo me da lo mismo. Yo he perdido a mi madre y lo efímero me da igual, el sexo me da igual, una mujer me da igual, un cuerpo me da igual, la vida me da igual. No he visto ni un paso de semana santa. ¿Tú sabes lo que es ir solo a la calle? Yo quiero ir, pero si voy a dar una vuelta voy solo. Vas como un mierda, con quién coño te vas. Tú piensa como pienso yo, no como piensas tú que vas con tu mujer y tus hijos. ¿Tú irías solo, cuando has sido un gran aficionado, un costalero? Yo ya tengo 30 años como para ir a la calle solo. Para colmo si salgo con algun compadre me busco un bollo con la mujer, que como es normal termina harta de mí, de que yo le saque el marido a la calle.

martes, abril 14, 2009

Gineceo

En el cuarto de baño el enjambre de mujeres guardadas bajo el hiyab, que fuera se esconden en chilabas de coles vivos y bordados, se despendola. Se sacan los velos de la cabeza, se cepillan unas hermosísimas cabelleras, hablan a toda velocidad y se prestan cremas, desodorantes, se pintan los ojos con khol frente al espejo. Luego se van recogiendo el pelo hasta dejarlo en sujeción en la que no se reconoce el esplendor del cepillado, se colocan los velos, se los componen las unas a las otras, sin dejar de hablar, y después salen silenciosas por separado, como si nunca hubiera existido ese paréntesis festivo en sus vidas.

Bienvenus dans votre pays

El mar es de color mercurio, o plomo, o plata sin labrar. De marejada a fuerte marejada. Alguien en este barco estará volviendo a casa, éste será su regresar, y esos cerros azules que se van acercando al barco estarán fijos entrándole por los ojos. Yo que sólo estoy yendo miro África mientras llego y noto que me duele la mandíbula de esperar. Cuando el sol sale de las nubes el mar se convierte en cobalto y blanco espuma. Lloverá, se sellarán los pasaportes, se paseará por las calles con nombres desconocidos y puertas y rejas y ventanas y farolas, se tomará el té, se conocerá otro lugar al que poder volver.

Ciudades con gaviotas y palmeras

La foto es de Yusef

Siempre en la frontera del mar, siempre con sal. Ahí no me importa estar, por sucio que estuvieran los muelles, aunque las plazas principales no fueran para caminar del brazo, por hermoseados que no estuvieran los paseos y anchas fueran las calles encaladas. Dame el mar abierto y el cielo encapotado al amanecer, el chillido de esos pajarracos, aquí es de donde soy, de la frontera del mar, de los barcos que vienen y se van, del salitre insoportable. Dame ese salitre sobre la piel dos días enteros, el pelo despeinado por los dos vientos, los días que no son días, sino una vida en pausa que se encadena en pleamares y bajamares, son las redes azules o verdes que remendaban los marineros en la parte del muelle a la que no nos dejaban pasar, misterio supremo guardado por aquellos hombres misteriosos con gorros de lana que nos daban miedo.
Dame el mar, este mar, esta exaltación que se llama exagerada en cualquier otro lugar del planeta pero que aquí es simplemente gaditanería.

La noche de mi mal

Hay dos especies de personas: las que se enzarzan en la vida y las que acumulan capa tras capa de pintura vieja sobre su verdad.

La plage sous les pavés

Estoy sola en la Barrosa inmensa. Tenemos el ruido incesante del mar con su marea retirándose, achicándose hacia la luna nueva. Tenemos una rachita de poniente frío y tenemos un sol. Me tenemos a mí, tirada en la arena seca, con la cabeza sobre el bolso paraguayo y el bolígrafo Parker llenándose de arena y temblándome en la mano por la postura menos verosímil de la historia, escogida así porque cuanto más cerca de la superficie de la arena soleada menos frío me llega. Calculo la conveniencia de sacarme la pollera o quitarme la falda, ponerme crema para no quemarme mi segunda piel, colocar esparadrapo de papel estratégico en mi herida reciente, pero el cálculo se tambalea de un lado de la ecuación hacia este momento mío y sólo mío después de tantas horas, días, noches, madrugadas, de traslados y reencuentros y encuentros y estaciones, aeropuertos, salitas 2x2.

domingo, abril 12, 2009

Pippi Långstrump


El dibujo es de Emma Laiho
Meto a Calígula en un bolso y nos vamos a la calle. Él se asoma por la abertura agarrándose con las manitos, y ve y olisquea el mundo con su gran cabezota negra. Así hicimos desde que no era más grande que mi mano, en Buenos Aires, cuando lo llevaba en la bolsa del Bafici y luego en la funda del Toshiba posteriormente muerto, y así hacemos ahora. Puede que me haya quedado el recuerdo de cuando de pequeña leía los libros de Pippi Calzaslargas y al fin lo exteriorizo, la niña que yo fui no se lo pudo permitir, y por eso ando así de estrambótica y feliz, echando de menos las medias de rayas moradas y malvas que le regalé a Elenuki.

viernes, abril 10, 2009

El brillo del puente

Recuerdo que tuve un puente, hace mil años, tendido en la sombra. Luego he tenido muchos puentes sin sombra, y ahora tengo éste, un puente hasta ti, alimentado con un granito de locura, crecido hasta llegarte tan lejos, llevarme tan lejos. Es emocionante. Y esa palabra, emoción, es cierta y no puedo elegir otra, puesto que es en este tipo de emoción que se tienden estos puentes. Mira, se dice una hora y un sitio y una ciudad y habrá alguien esperándote, alguien que no sabes cómo te mirará a los ojos pero que sabes que tiene tantas ganas de verte que no lo puedes creer, alguien a quien no sabes cómo mirarás a los ojos pero a quien tienes tantas ganas de ver que no lo puedes creer, lo piensas y te asfixias de aquella emoción de la que hablábamos. Y mientras llega ese día alimentas el puente cada día con un granito de locura y lo dejas que pase sed, lo calcinas de ganas para que luego al ser cruzado cuando lo cruces estés llegando a la emoción que nació chiquita y quisiste hacer crecer en desgarro. Entonces este puente que me lleva hasta ti y que atravieso (poco silente, escandalosa, loca), me gusta, mucho, demasiado. Cuando llegue a su final saldré de él grácil y más loca, para encontrarte, porque estarás allí, al final del puente, queriendo que te encuentre.

Bocadillos en los bares

Entro en el bar y el camarero negrísimo me da la lista de los bocadillos. Mientras yo me cercioro de que ninguno es el que quiero, el camarero negrísimo le pregunta al cocinero blanquísimo si conoce el nombre del cuñado de Mahoma, lo necesita para su crucigrama. Les digo a los dos que quiero un bocadillo que no está en la lista, el mío, y mientras me lo preparan admiro esta isla chiquita bar silencio y sombra y sólo para mí mientras fuera los coches y la lluvia viernes santo. Me voy a la estación y me aparco fuera de los andenes, lejos, en un poyo de cemento donde escribo esto y me como mi bocadillo de bar, al sol lagartija, acordándome de Ved vejen, teniendo muchas ganas de volver a ver a Katinka en su estación.

jueves, abril 09, 2009

Amistad a lo largo

El bar está llenísimo de gente y me bebo un Ribera del Duero riquísimo y recuerdo otros vinos de otros países que en nada se parecen a este vino, y me gusta tanto que sea ahora éste y no otro el que tomo, no un Finca La Linda malbec, no un Santa Ema merlot, porque significa que estoy aquí y que estáis todos aquí, rodeados de nimbo cálido y luminosos, contentos de vernos, contentos de verme, contenta de veros, yo contenta de haber podido volver y haberme sacado aquella niebla ante los ojos, vosotros contentos por mí, yo contenta de que estéis contentos, y es de noche y ahora son todos los bares y las vidas que hemos compartido, y los años tantos que hace que nos conocemos, el tiempo que hemos pasado juntos y lo que sabemos los unos de los otros. Y es así de pronto que la vida se despeja la frente y se desnuda un poco y me saluda riente y quiere tomarse algo con nosotros.

Continuidad en los bancos

En la Plaza de los Campos hay un banco en el que una vez, por primera vez, me besaste. Recuerdo que tu beso se acomodó perfecto a la idea previa de tu beso. Recuerdo mi boca entendiéndose perfecto con la tuya de un modo que se inscribía con letra Palatino Lynotipe 11 en los anales loulousianos o louloucienses mientras sucedía. Ahora estoy en ese banco sentada al sol, a mi espalda la fuente con querubines o amorcillos (no sé si son sacros o profanos) chorrea sus aguas, es una primavera.
Cada vez que me he encontrado contigo en las capitales europeas por casualidad, me acuerdo de esa noche y de ese banco, y de otra noche en la portada de la iglesia de San Matías, y de otras noches, cuando aún no habías ido a Viena, del segundo movimiento de la segunda de Mahler, de tus manos en tu manera de guiar y de tus manos en tu manera de no tocarme, y ésa es la hermosura de encontrarte, que me encuentro con nosotros hace once años, cuando bastaba un banco para ser.

miércoles, abril 08, 2009

Tenebrae factae sunt

Ella caminaba por el centro de la calle porque no había otro sitio por el que quisiera caminar. De fondo la catedral y el ruido de sus pasos en el empedrado, las trompetas y tambores de las procesiones que pasaban por Gran Vía, unas cuantas calles paralelas más allá. Al caminar el vestido cortísimo se le levantaba, y era un escándalo en miércoles santo con todas aquellas mujeres de mantilla y el olor a incienso.
Yo paseaba por ahí con mi vestido cortísimo
y dando unos pasos así seguros y firmes y la melena
pero era semana santa y estaban las mujeres de mantilla
y los penitentes
y a mí así me dieron más ganas de vivir.
Eso quería escribir.

martes, abril 07, 2009

I just dropped by to say hello


La foto es de DraXus
La máquina de café es preciosa y roja y aluminio, y en contra de lo que dice la canción, no me reflejo en ella, así que nadie me mira ni me podría mirar aunque quisiera. Sentada en la misma barra contra la que ayer lloré porque alguien había muerto, con el Absolut en la mano y un dolor inusitadamente cierto, toda piernas y cine, recuerdo hoy que soy frívola y pantalón y he vuelto para sólo Thelonious y esperar a que genio y figura dejes de hacer como que no estoy aquí para sacarme a patadas de tu rutina. Un clásico: tienes más canas. Te veo limpiar la máquina y recuerdo que eras zurdo, y sé que no sabes cómo decirme que me vaya. Pienso en lo que será para mí que dentro de un tiempo él aparezca donde yo esté, de madrugada, contento de verme. Será esto, aunque tú y yo seamos tan distintos para las cosas ésas de los amores antiguos y para todas las cosas, será exactamente esto. Y ahora Billie Holiday canta They can´t take that away from me, y Miles toca esa versión del Autumn leaves del Ballads and blues y tú la apagas a la mitad, y podría ser eso esta historia pero ya no es nada de eso. Está bien que no quieras verme, es mil veces más conveniente, yo sólo quería decirte hola.

lunes, abril 06, 2009

Al final

Todo frondoso primavera, y esos árboles con flores moradas de los que ahora me acuerdo, o mejor, esas flores moradas de ese árbol que ubico al lado de un banco del Albayzín, junto a una casa en ruinas que ahora estará remozada, tengo que subir a verlo. Hay fuentes de piedra de las que el agua brota y cae con un ruidito rutilante que ahora puedo acordarme de haber escuchado en la cuesta Gomérez o en el Paseo de los Tristes. Están los tejados a cuatro aguas con tejas de cerámica de colores, el empedrado de las calles en mosaico, el sol martillo, los balcones con herrajes, los azulejos con motivos geométricos en la parte de abajo para nada, sólo para hacer bonito, las persianas, las puertas de las casas de los que conozco al alcance de la mano, las puertas de las nueve casas en las que viví en esta ciudad (ocho, una fue deribada, la casa en la que Arianne y yo fuimos vecinas, en la calle San Diego), mis dos cafeterías, la plaza de al lado de Agua de Cartuja. Y es que al final Granada es una ciudad nueva pero con reverberancias de una ciudad que conocí y habité. Y es bonita, la condenada.

El champán las pone mimosas

Con amigas como vosotras es fácil que una tarde se convierta en otra tarde versión mejorada de aquella otra tarde primera que se queda subyaciente pero no triste porque se ve hermoseada en el cambio y se lo pensará para la próxima. Hay varios sofás visitados en nuestras vidas, hay copas de cristal bonitas en distintas alacenas, hay varios juegos de té en los que nos hemos servido las unas a las otras, hay noches malvadas y pedidas de socorro, y también hay noches espléndidas de baile o de vinos o de charla o de cenas improvisadas de la nada. Hay un amor nuestro circulante que jamás se vicia sino que asciende, están nuestras melenas cepilladas y los zapatos de tacón que se intercambian, los bares, los paseos, las películas, la vida.

domingo, abril 05, 2009

Rock nacional

A Diego

Nueve canciones que puedo escuchar sin sentir molestia:
Zoom, Soda Stéreo.
Spaghetti del rock, Divididos.
Asesíname, Charly García.
La puerta de al lado, Los Rodríguez.
Inconsciente colectivo, Serú Girán.
La hija del fletero, Redonditos.
Veneno de humanidad, Bersuit Vergarabat.
Nena, Sui Generis.
Avenida Alcorta, de Gustavo Cerati.

Tengo ojos nuevos


Debe de ser eso, porque camino y aunque mis pies van solos por las calles, a todas las conozco, sorteando penitentes y mantillas, me han crecido ojos nuevos y lo veo todo distinto. Aunque se nota que los fondos de la Unión Europea se han gastado en Titanlux para exteriores, no es eso lo diferente de seguro, es mi manera de mirar, me alegra poder ver esta ciudad de otro modo o desde otro modo, mientras voy al encuentro de Fabián y Marisa o de Elena, y esta Gran Vía recorrida en junio del 97 de la mano del Puto Genio no la recuerdo como fue, este banco de Plaza Nueva en el que me morí en septiembre del 2007 no lo recuerdo como era, entonces. Ahora es todo como es ahora, y ese atributo temporal le da brillo de actualidad a las esquinas y a las cosas. Me gusta pasear por el ahora ahora.

Three is company

Hay personas que están vivas y que te apasiona que estén vivas. Están vivos, piensas, ellos están vivos y tienen una voz, tienen dos manos, tienen dos ojos y tienen un corazón que palpita y se alimenta. Yo transcurro y transcurren los días y además estáis vivos y me habláis, os hablo, nos hablamos. Todas estas horas compartidas me han apuntalado el alma, acampando la risa, refaccionado el alma. Quiero que vayamos a dar un paseo. Ya.

viernes, abril 03, 2009

Almost famous


We are uncool! And while women will always be a problem for guys like us, most of the great art in the world is about that very problem. Good-looking people have no spine! Their art never lasts! They get the girls, but we're smarter.

jueves, abril 02, 2009

It might as well be spring


En campo del Sur hay un saliente de piedra justo en el ángulo desde el que Asia a un lado al otro Europa y allá a su frente Estambul. Te trepas al pretil, bajas dos escalones, te sientas y vislumbras. Ahí me senté, a hacerme mierda los pantalones sastre, y me puse a pensar en como me siento como una prota de peli de Rohmer cuando viajo en autobús, barco, tren, metro, sola, que son muchas veces. En los trayectos rêverie en los que apoyo la cabeza contra el cristal o las barandillas y en los trayectos no rêverie en los que sólo me dejo transportar y miro, en los transbordos y andenes, cuando camino por las aceras hacia algún lado, a veces me imagino que me filman con una cámara. No sé de dónde me viene el gusto de recorrer en soledad, pero lo tengo, o más bien me posee. Aquí sentada no, aquí sentada me siento más una heroína de Jane Austen con toda la melena asalvajada (el poniente sopla a 13 kilómetros por hora según weather.com), con una sonrisa de ésas con las que le comunico al planeta que le tengo un regalo sorpresa, y me dan ganas de declamar o de cantar muy alto una canción. Campo del Sur sigue lleno de gatos, Caligulitas libres por todos lados que estarán preguntándose por qué cubro de tanta mística este lugar que para ellos es su todos los días.