martes, abril 21, 2009

Ablata causa tollitur effectus


Anoche en Madrid estaba bajo el Finca Flichman Syrah y eso es estar debajo de mucho, es el primer vino argentino que probé en la vida, hace ya unos cuantos años. No me pongo nostálgica, es que estoy en Soho Square y el sol me incide en la cara, me lo veo refulgir en el pelo. ¡Sol en Londres! Llevo medias moradas y camiseta malva y bufanda turquesa, aros de plata, los aros de la trifulca. Y no me pongo nostálgica, es que la plaza está llena de gente sentada en el césped con su comida hindú y japonesa y china y su vino blanco bebido en vasos de plástico y su rayito de sol, y es hermoso este sol, y asombroso tanto hiyab, asquerosa tanta paloma, tumultuosos los miembros del tercer sexo, desolador que mis botas estén tan destrozadas que quizá no sigan viaje conmigo, después de caminar por ahí por otros países mis países conmigo. Y estoy en el Soho y toda la decodificación de los paisajes viene en palabras, y va sola, sin máquina Geheimschreiber T52D, sin documentos, sin pertinencia. Vivo en estos días de viaje que se alargan desde hace meses en meses de viaje sin que tengan nombre, yo les pongo un nombre distinto a cada uno, un nombre y una ciudad, y es aparentemente como si hubiera salido esqueleto reluciente de un festín de hormigas (mi cuerpo huntado con melaza). Agradezco estar tan loca como para haber venido a Londres y así ahora sentarme en este banco de madera desde el que escribo para mi posteridad. Me conmueve esta vida que es como una iluminación de navidad un 9 de diciembre.

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