lunes, abril 06, 2009

Al final

Todo frondoso primavera, y esos árboles con flores moradas de los que ahora me acuerdo, o mejor, esas flores moradas de ese árbol que ubico al lado de un banco del Albayzín, junto a una casa en ruinas que ahora estará remozada, tengo que subir a verlo. Hay fuentes de piedra de las que el agua brota y cae con un ruidito rutilante que ahora puedo acordarme de haber escuchado en la cuesta Gomérez o en el Paseo de los Tristes. Están los tejados a cuatro aguas con tejas de cerámica de colores, el empedrado de las calles en mosaico, el sol martillo, los balcones con herrajes, los azulejos con motivos geométricos en la parte de abajo para nada, sólo para hacer bonito, las persianas, las puertas de las casas de los que conozco al alcance de la mano, las puertas de las nueve casas en las que viví en esta ciudad (ocho, una fue deribada, la casa en la que Arianne y yo fuimos vecinas, en la calle San Diego), mis dos cafeterías, la plaza de al lado de Agua de Cartuja. Y es que al final Granada es una ciudad nueva pero con reverberancias de una ciudad que conocí y habité. Y es bonita, la condenada.

No hay comentarios: