sábado, abril 25, 2009

Canary Wharf vs Puerto Madero


Es la misma historia: puerto abandonado, zona sin valor, arquitectos que en tiempo récord cemento y cristal y sushi. Huelga decir que al igual que cuando me subo a un autóbús inglés y me acuerdo de los bondis porteños, el centro financiero londinense ahoga en peso específico a esa mini Manhattan que empieza donde termina Retiro, ahí donde Buenos Aires se ofrece escaparate barrio rojo mientras Londres sólo es él mismo, si acaso te mira por encima de su periódico. Pero qué bonito era mirarte, Buenos Aires, desde el otro lado del canal, yo vestida de fiesta y de tacón y tú de principios de verano y noche. Qué bonito fue cruzar el puente blanco la primera vez, aún de su mano, y bailar con él en medio de la gente sobre la vereda recién vomitada de cemento. A veces Buenos Aires tus ansias de mostrarte eran parecidas a las mías, y te entendí, fui a mirarte a tus esquinas, me dejé violar por tu salvaje impotencia. Muchas veces nos encontramos, ciudad porteña, tú lo sabes, le hablé a tus chóferes de vos a vos, pero ahora soy más de Londres, que no me viola sino que me abre la puerta para que yo pase primero, y no necesita exhibirse y me encuentra y yo no tengo que buscarlo. Lo miro y es otra su presencia, más correcta, menos abrumadora, más paz, más chofer que me habla de su excelencia, más aplastante y franca su seguridad. Menos mío Londres pero yo más suya, sólo porque Londres sí que me reclama como suya.

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