martes, abril 14, 2009

Ciudades con gaviotas y palmeras

La foto es de Yusef

Siempre en la frontera del mar, siempre con sal. Ahí no me importa estar, por sucio que estuvieran los muelles, aunque las plazas principales no fueran para caminar del brazo, por hermoseados que no estuvieran los paseos y anchas fueran las calles encaladas. Dame el mar abierto y el cielo encapotado al amanecer, el chillido de esos pajarracos, aquí es de donde soy, de la frontera del mar, de los barcos que vienen y se van, del salitre insoportable. Dame ese salitre sobre la piel dos días enteros, el pelo despeinado por los dos vientos, los días que no son días, sino una vida en pausa que se encadena en pleamares y bajamares, son las redes azules o verdes que remendaban los marineros en la parte del muelle a la que no nos dejaban pasar, misterio supremo guardado por aquellos hombres misteriosos con gorros de lana que nos daban miedo.
Dame el mar, este mar, esta exaltación que se llama exagerada en cualquier otro lugar del planeta pero que aquí es simplemente gaditanería.

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