jueves, abril 09, 2009

Continuidad en los bancos

En la Plaza de los Campos hay un banco en el que una vez, por primera vez, me besaste. Recuerdo que tu beso se acomodó perfecto a la idea previa de tu beso. Recuerdo mi boca entendiéndose perfecto con la tuya de un modo que se inscribía con letra Palatino Lynotipe 11 en los anales loulousianos o louloucienses mientras sucedía. Ahora estoy en ese banco sentada al sol, a mi espalda la fuente con querubines o amorcillos (no sé si son sacros o profanos) chorrea sus aguas, es una primavera.
Cada vez que me he encontrado contigo en las capitales europeas por casualidad, me acuerdo de esa noche y de ese banco, y de otra noche en la portada de la iglesia de San Matías, y de otras noches, cuando aún no habías ido a Viena, del segundo movimiento de la segunda de Mahler, de tus manos en tu manera de guiar y de tus manos en tu manera de no tocarme, y ésa es la hermosura de encontrarte, que me encuentro con nosotros hace once años, cuando bastaba un banco para ser.

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