jueves, abril 16, 2009

De San Fernando a Cádiz voy caminando


Bajo con mi padre y mi hermano por la calle Cruces hasta la calle Ganado. Puede hacer ocho años que no paso por estos sitios, y ahora, aunque sean mi casa, los miro con ojos de extranjera, lo mismo que cuando en autobús desde Tarifa, en tren desde Puerto Real o Lebrija veo la campiña, las lomas plantadas de verde, un campo tan hermoso que me recuerda a Lobería, tan cerca del mar como esto. Con la frente apoyada en todos los cristales de los transportes del consorcio bahía de Cádiz recuerdo el trayecto Pont à Mousson-Nancy que hacía todos los lunes, el Tilburg-Rijen que hacía todos los días, la carretera de Bariloche a El Bolsón.
Ahora que estoy aquí en mis antiguas calles y paso por delante de la confitería La Merced y recuerdo haberme olvidado de los cafés y los donuts que me tomé ahí dentro, me encuentro con Lupi en la esquina de la placilla, veo con otros ojos los edificios de aquí, encalados y con las esquinas y los soportales y los remates hechos con esa piedra de aquí, bien bodegueros, las casas bajas con patios de vecinos, los palacios enormes de la calle Larga, los naranjos en las aceras, la plaza Peral tan distinta de la plaza de albero que yo conocí, me doy cuenta de que a lo mejor no haría falta viajar tanto.

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