jueves, abril 02, 2009

It might as well be spring


En campo del Sur hay un saliente de piedra justo en el ángulo desde el que Asia a un lado al otro Europa y allá a su frente Estambul. Te trepas al pretil, bajas dos escalones, te sientas y vislumbras. Ahí me senté, a hacerme mierda los pantalones sastre, y me puse a pensar en como me siento como una prota de peli de Rohmer cuando viajo en autobús, barco, tren, metro, sola, que son muchas veces. En los trayectos rêverie en los que apoyo la cabeza contra el cristal o las barandillas y en los trayectos no rêverie en los que sólo me dejo transportar y miro, en los transbordos y andenes, cuando camino por las aceras hacia algún lado, a veces me imagino que me filman con una cámara. No sé de dónde me viene el gusto de recorrer en soledad, pero lo tengo, o más bien me posee. Aquí sentada no, aquí sentada me siento más una heroína de Jane Austen con toda la melena asalvajada (el poniente sopla a 13 kilómetros por hora según weather.com), con una sonrisa de ésas con las que le comunico al planeta que le tengo un regalo sorpresa, y me dan ganas de declamar o de cantar muy alto una canción. Campo del Sur sigue lleno de gatos, Caligulitas libres por todos lados que estarán preguntándose por qué cubro de tanta mística este lugar que para ellos es su todos los días.

3 comentarios:

Curro dijo...

¿Qué haríamos nosotros sin un buen cuento?
Aprovecha entonces las palabras que te trae el levante.

Anónimo dijo...

es bueno escucharte

david garrido collado dijo...

recuperaste tu pluma, no la pierdas